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Eventos cargados de emoción
Si bien la biología detrás de la atención consciente está todavía lejos de ser comprendida, hay una fija:
las emociones atraen tu
atención. Cuando vivís o experimentás un evento emocionalmente fuerte, éste será mejor recordado que alguno con emociones más bien
neutras. Los eventos cargados de emociones se recuerdan por mucho más tiempo y con más detalles. El primer beso, la muerte de un ser
querido, el último día de escuela, algún accidente, una Navidad en familia, etcétera. Existen eventos cargados de emociones individuales y
específicos a cada persona y también los conocidos como universales, en los cuales todos experimentamos lo mismo o muy parecido. Estos
últimos están en nuestro ADN. Por ejemplo, los relacionados con amenazas o fuentes de energía (comida). No importa dónde vivas ni quién
seas, siempre les vas a prestar muchísima atención a estos estímulos: ¿Puedo comerlo? ¿Puede comerme? ¿Puedo reproducirme con él/ella?
¿Querrá reproducirse conmigo? ¿Lo he visto antes? Si nuestros ancestros no se hubiesen acordado eficientemente de las amenazas del
ambiente —¿se acuerdan de los leopardos?— y de dónde obtener comida, agua y refugio, no habrían logrado pasar sus genes y sobrevivir.
Tal como hemos visto, disponemos en el cerebro de sistemas específicos para buscar oportunidades de reproducción y para percibir las
amenazas circundantes. Debido a esto último, a todos los humanos nos llama mucho la atención un robo, un accidente o cualquier
circunstancia de estas características.
El cerebro recuerda mejor los componentes emocionales de una experiencia que cualquier otro detalle o aspecto de ésta, lo que se conoce
como el sentido antes que los detalles. Palabras organizadas lógicamente en una estructura jerárquica son mucho mejor recordadas (cuarenta
por ciento más) que las mismas palabras dispuestas al azar. Si podemos derivar el significado o sentido de una palabra sobre la otra,
podremos recordar con más facilidad los detalles. Sentido antes que los detalles.
Un mito muy difundido sobre la atención es que ciertas personas, en su mayoría las mujeres, son
multitasking, es decir que pueden
prestar atención a varias cosas al mismo tiempo. Esto es falso porque el cerebro se focaliza naturalmente en un concepto por vez, en
secuencia, como experimentaron en el ejercicio de la página 228. Resulta obvio que podemos hacer varias cosas al mismo tiempo, como
caminar, leer y escuchar música. No es posible prestar atención a dos o más actividades de manera eficiente sin que alguna de ellas sufra un
impacto negativo en comprensión, eficiencia, realización, etcétera. Los estudios muestran que cuando alguien quiere hacer varias cosas al
mismo tiempo, prestando atención focalizada a cada una de ellas, muchas veces se autointerrumpen esas tareas. Las interrupciones suceden
en general por perderse en aquello que estaban haciendo antes de haber cambiado a hacer otra cosa. Se estima que estas personas tardan el
doble de tiempo en hacer esas tareas y cometen el doble de errores en cada una de ellas. Lo mejor que podemos decir sobre estas personas
multitasking es que tienen buena memoria y por ello son capaces de prestar atención a muchos estímulos, pero uno por vez. Un ejemplo
clásico muy estudiado es el de hablar por celular o mandar mensajes de texto mientras se maneja un auto. Hoy sabemos que cada vez que el
cerebro pasa de una tarea a otra suceden fracciones de segundos. Una persona que está hablando por celular tarda medio segundo más en
apretar el freno ante una situación de emergencia. En ese medio segundo un auto que viaja por la ruta a ciento diez kilómetros por hora hizo
quince metros. Más del cincuenta por ciento de los carteles y señales de tránsito observados por conductores atentos no es visto por
aquellos que hablan por teléfono.
Cuando te descubras a vos mismo intentando hacer dos cosas a la vez, tranquilizate y tratá de hacer una sola. Cuando
necesitás concentrarte, deshacete de todas las distracciones externas que encuentres. Reducí la posibilidad de que haya
distracciones internas, aclarando tu mente antes de involucrarte en tu desafío.
Finalmente debemos saber que uno de los errores clásicos de toda comunicación es cuando queremos pasar demasiada información sin
dejar tiempo para comprenderla y relacionarla. Nos llenan la garganta y no nos dan tiempo de digerir. Esto muchas veces sucede porque los
expertos están tan familiarizados con su tema que se olvidan de que la mayoría de la audiencia es novata.
Expertise no asegura buena
comunicación ni enseñanza. Muchos de los profesores que tuve la suerte de escuchar en Harvard no eran buenos comunicadores. Y no sólo
es mi opinión sino que se reflejaba en las encuestas docentes a fin de cada semestre.
En resumen, a los diez, veinte minutos de una charla, un mensaje o una clase, la gran mayoría de la gente ya “se fue”. Es muy eficiente
llamar la atención de las personas contando historias o eventos cargados de emociones para recargar de nafta las conexiones neuronales.
TÉCNICA : H ISTORIA S
Imaginá que te encontrás en un país lejano. Escribí una breve historia sobre cómo es ese lugar. Llenala de emociones. ¿Cómo
