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Percibo que me sentís
Uno de los pilares de la creatividad es la estimulación de los sentidos. No podemos encender y desarrollar nuestra creatividad si primero
no estamos abiertos y dispuestos a percibir lo que sea como si fuera la primera vez. Zafar de los estereotipos con una percepción fresca es
lo que permite desplegar nuestra más amplia generación de ideas nuevas.
La percepción es el proceso mediante el cual el cerebro experimenta el mundo exterior utilizando nuestros sentidos, responsables de juntar
información proveniente del ambiente. Esa información es conocida como estímulos. Usamos la vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto
para entender el mundo. Todos los estímulos son aprovechados por el cerebro para formular ideas y opiniones, evaluar situaciones, generar
reacciones para luego guardar en la memoria lo que se aprendió.
Aunque por muchos años se pensó como un proceso pasivo, cada vez existe más evidencia científica de que la percepción no registra o
graba sino que construye la realidad. Esta construcción depende del observador de esa realidad, la percepción de la persona es en función de
sus asunciones. O sea que experimentamos diferentes aspectos de las cosas, cada percepción es un poco diferente.
Pensemos en las cataratas del Iguazú. Algunas personas dirán: “Qué increíble lo que Dios hizo en la Tierra, construyendo esta caída de
agua tan impresionante”. La percepción de otras sería: “Es la naturaleza la que ha hecho esta cosa magnífica”. Un amante del deporte
acuático podría decir: “Qué buen desafío sería para mí navegarlas haciendo
rafting”. Una persona que estudió hotelería advertiría: “Qué
lugar increíble para poner un hotel o un restaurante”. Un amante de la geografía va a pensar en ellas como el lugar ideal para estudiar lo que
más le gusta. Un pintor notaría: “Qué lugar tan bello para poder inspirarse y pintar”. Un geólogo quizá querría ver las cavernas que hay
debajo de las caídas de agua.
Una frase muy famosa de Pablo Picasso surgió durante el encuentro con un desconocido que estaba observando la exhibición de sus
cuadros en un museo de París. Este hombre se le acerca y le dice: “¿Por qué usted no pinta a las personas de la manera en que se ven?” Y el
pintor le preguntó: “¿Y de qué manera se ven?” En eso el desconocido sacó de su billetera la foto de su esposa y se la mostró. Picasso la
miró y dijo: “Es increíblemente pequeña, ¿no es cierto?… y chata”. Por cierto, se refería a la foto y no a la mujer. Tenemos que aceptar que
lo que parece real para nosotros está influido por nuestras propias percepciones.
Toda información que ingresa en el cerebro a través de los sentidos tiene una fuerte influencia en nuestros pensamientos, en nuestras
emociones y en nuestra personalidad, por ende, en nuestra creatividad. Existen neuronas especializadas que se encargan de reaccionar
frente a diferentes cambios del ambiente o estímulos. La percepción sería la interpretación de lo que el estímulo significa para nosotros. Por
ejemplo, si escucho música puedo advertir que el volumen está muy fuerte o que se trata de una de mis canciones favoritas. Increíblemente,
el cerebro procesa la gran mayoría de los estímulos recibidos del exterior de manera no consciente. Nuestros cinco sentidos captan unos
once millones de bits de información por segundo, la mayor parte es captada por la visión, pero el consciente a lo sumo puede procesar
cuarenta bits por segundo.
A medida que el cerebro recolecta información del mundo exterior se acostumbra a patrones de percepción, análogos a los patrones
dominantes de pensamiento que ya vimos. Cuando uno ve un perro de una raza particular por primera vez, el cerebro procesa su forma,
tamaño, calidad de pelo, timbre de ladrido, olor de su pelaje, color y textura, altura, ancho y muchos otros detalles. En ese momento, el
cerebro llega a la conclusión de que está viendo una raza particular de perro. Al encontrarnos con esa raza más seguido, el cerebro va a
conectar mucho más rápido, comprendiendo lo que ve casi de inmediato. Es decir, el cerebro va a comenzar a categorizar todas las nuevas
imágenes mentales de acuerdo con lo que ha visto y experimentado antes. Esto es lo que el doctor Walter Lippmann llamó “estereotipos”,
cruciales para la comprensión y supervivencia del día a día. Imagínense lo que sería si en cada momento del día tuviéramos que hacer un
constante análisis de toda la masa de información y detalles sensoriales que nos rodean.
Cada persona filtra lo que pasa en el mundo de una manera particular y puede convertir una calle de la ciudad en una sinfonía de luces y
sonidos o en un basural nauseabundo. Entonces, el cerebro a menudo simplifica la percepción para poder pasar el día de manera más
eficiente. Los estereotipos nos anticipan acciones y reacciones y nos preparan a minimizar o maximizar el placer. El estereotipo del gruñido
y ladrido de un perro le dirá al cerebro si se trata de una amenaza o no. Como Lippmann decía: “No vemos primero y definimos después”,
sino que “definimos primero y después vemos”.
