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Nosotros, nuestro cerebro
Sin duda, nuestro cerebro es el sistema más complejo de todo el universo. Gracias a los increíbles avances tecnológicos en el estudio de
la mente, se cree que la neurociencia representará en el siglo XXI lo que representó la microbiología en el XX, la química en el XIX o la
física en el XVIII. Si bien en los últimos diez años hemos aprendido sobre el cerebro más que en toda la historia de la humanidad, todavía
queda mucho por resolver. ¿Cómo se produce nuestra individualidad como seres humanos, nuestros talentos, nuestra personalidad? Cada
intención, cada sueño y cada comportamiento comienzan en el cerebro, que está diseñado para resolver problemas relacionados con la
supervivencia en un mundo inestable y en constante cambio y movimiento. Esto lo realiza simplemente como estrategia de pura
supervivencia para que podamos pasar nuestros genes a la generación siguiente. Para vencer los infortunios del medio ambiente a lo largo de
la historia del planeta y hoy pertenecer al pequeñísimo grupo de especies privilegiadas que sobrevivió, podríamos decir que esto pudo
suceder por dos alternativas: ser más fuertes o inteligentes que los demás. Es decir, agregamos músculos al esqueleto o neuronas al cerebro.
Nosotros hicimos lo último. Y esas neuronas que se fueron agregando en el córtex prefrontal —la última parte que se formó del cerebro
actual— nos permitieron la separación de nuestros primos hermanos los gorilas.
La investigadora Judy DeLoache identificó lo que se conoce como la habilidad, muy humana, para razonar simbólicamente y la llamó
“teoría de la representación dual”, que es nuestra habilidad para atribuir características y significados a cosas que en realidad no los tienen.
Es decir, nos podemos inventar cosas donde no las hay, somos humanos porque podemos fantasear. Cuando con mi hija jugamos a que los
palitos de madera que encontramos bajo los árboles son aviones que aterrizan en la vereda, estamos siendo
muy humanos. El poder de
combinar símbolos nos da la capacidad del lenguaje, de la escritura, del arte, de la matemática. Podemos combinar puntos y garabatos para
convertirlos en música o poesía, podemos combinar círculos y cuadrados para convertirlos en pinturas cubistas o geometría. Nuestra
habilidad para el razonamiento simbólico o la representación dual no la traemos de la panza de mamá. Nos lleva casi los primeros tres años
de vida ser completamente funcionales en este tipo de razonamiento. Por lo tanto, antes de esa edad no somos muy diferentes de los monos.
Por ejemplo, si una nena de treinta meses juega con una casita de muñecas y pone un perro de plástico debajo de la camita de la muñeca, y
se le dice que al lado hay un cuarto igual pero de tamaño real donde se encuentra escondido un perro, ella no tiene idea de dónde buscar
cuando llega a esa habitación. A los treinta y seis meses, correría directo a buscar debajo de la cama grande. Gracias a este lenguaje
simbólico podemos extraer un montón de información y conocimiento sin tener que pasar cada vez por la experiencia directa, a veces dura,
de la realidad. Si me caigo en un pantano y logro sobrevivir y pongo un cartel que diga “cuidado pantano” o el dibujito de un pantano con
una manito que sale de la superficie, nadie más caerá en esa trampa. Suena lógico que una vez que desarrollamos esta herramienta del
cerebro la hayamos conservado. En definitiva, seguimos en el planeta porque

somos más inteligentes que los demás seres vivos

,y

nuestra humanidad se debe en gran parte a la capacidad cerebral de fantasear.
Si bien ya no hay dudas acerca de nuestro potencial creativo, como todo proceso de aprendizaje, lleva su tiempo,
su evolución . La
práctica deliberada y continua de las técnicas que ofrezco en este libro te permitirá hacer más conexiones neuronales que estimularán la
creación de pensamientos nuevos y diferentes en tu cerebro.