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Me pareció ver
un lindo leopardito
Cuando nuestro cerebro se terminó de formar hace unos cien mil años, vivíamos en un mundo muy hostil. Salíamos a cazar para poder
subsistir. Debido a las condiciones ambientales y a los depredadores que deambulaban, estábamos en un estado de alerta bastante
permanente: al acecho de una presa, pero también teniendo mucho cuidado de que no apareciera un depredador. En ese momento, los más
temibles eran los leopardos.
Como vimos, el cerebro evolucionó eficazmente para conservar una cantidad importante de energía, por las dudas de que sucediese
alguna amenaza para su vida. En general, las mujeres cuidaban a los hijos, recolectaban frutos, semillas, algunos roedores, pero también
estaban en un estado de alerta. Aquellos hombres o mujeres que no tuviesen esa reserva de energía en el cerebro, y no pudiesen escapar o
defenderse de un imprevisto, probablemente iban a ser comidos. Es decir, no tendrían tantas chances de dejar descendencia.
Les propongo el siguiente ejercicio: cierren los ojos y piensen durante treinta segundos en una puesta de sol; ábranlos y describan cómo y
dónde era. Quizá —me animaría a decir que con seguridad— hayan pensado en un crepúsculo muy conocido o experimentado por ustedes,
en el mar, la montaña, el campo. Ésta es otra muestra de que el cerebro no quiere gastar energía en algo que ya conoce. Si le piden una
tarea al disco rígido del cerebro, buscará, en esas avenidas encendidas, en lo conocido, en lo que no requiere esfuerzo o requiere el mínimo.
Conocemos puestas de sol y cuando le pedimos al cerebro que nos traiga una, éste va a traer alguna muy vista y no va a encender otras
neuronas o a imaginarse otra diferente; al menos en la gran mayoría de las personas. Por lo tanto, ser creativo no es tan fácil y requiere de
esfuerzo, de conectar lo aparentemente no conectado, de transitar por calles de neuronas oscuras o apenas encendidas. En este libro
estamos haciendo ese viaje.
A medida que conocemos nuestro cerebro, su evolución, sus límites y funciones, podemos aprender más de nosotros. Si bien muchas
veces los eventos fortuitos se vinculan con los grandes descubrimientos de la humanidad, la frase del célebre bioquímico y escritor de
ciencia ficción soviético Isaac Asimov, “la suerte favorece sólo a la mente preparada”, se ajusta mucho a las apariciones de las tan deseadas
revelaciones creativas, que todos tenemos pero podemos prepararnos para tener más. Hoy los estudios muestran que hasta un sesenta por
ciento de nuestros problemas los resolvemos mediante dichos fenómenos. Esto significa que las personas no pueden explicar de manera
lógica y secuencial cómo llegaron a una solución. Conocer lo más posible sobre el estado de tu auto antes de salir de vacaciones te asegura
un viaje más seguro; entonces, conozcamos nuestro recurso más preciado, el cerebro, y preparémoslo para el viaje más importante…
nuestra vida.
