LA PARABOLA DE LA HIGUERA (3).pdf

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LOS PROFETAS NO HABLARON DE SI MISMOS
¿Cuál es la naturaleza de la profecía bíblica? Hay que entender que la profecía
bíblica es un asunto espiritual que no atañe en manera alguna a los hombres; el
profeta es uno que “habla en lugar de otro”, en este caso, uno que habla en lugar
de Dios. El profeta es como un vocero presidencial: No habla de sí mismo. En
este sentido, el profeta no tiene nada que ver con el mensaje. Un profeta
solamente debía hablar lo que escuchaba o lo que le era mostrado y mandado de
parte de Dios.
(Jer.1:7) “Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe
irás tú, y dirás todo lo que te mande.”
LA FIGURA DE LA ATALAYA
Para entender el ministerio de los fieles profetas de la biblia tenemos la figura de
la Atalaya. Esta es una torre construida en un lugar elevado que sirve para vigilar
una gran extensión de tierra o mar. Al pueblo le es inútil discutir con el hombre que
está instalado en la torre, ya que este hombre puede observar lo que sucede en el
horizonte, sencillamente porque él ha sido designado para estar y mirar
desde ese plano elevado. Esto se compara al ministerio de los profetas:
Nosotros, los que estamos en el nivel natural, únicamente podemos hacer dos
cosas con el mensaje de los profetas: Creer o no creer. Conste que me refiero
aquí a los profetas de la biblia, los que formaron el canon sagrado. En el nuevo
pacto tenemos la orden de juzgar las profecías de los que actualmente ejercen un
don. (1Cor.14:29). Se le dijo al profeta Ezequiel:
(Eze.33:7)“A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por Atalaya a la casa de Israel,
y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte”.
Es importante entender que los fieles profetas de la biblia no hablaron de sí
mismos, y que nunca vertieron sus propios conceptos o ideas en su mensaje; ellos
solamente manejaban lo que veían y escuchaban de Dios, y solo entregaban lo
que les era mandado. La profecía bíblica es como una antorcha que alumbra en
la oscuridad, y esta luz no vino de los profetas mismos, sino del Espíritu de Dios
que estaba en ellos.
Entonces, de la misma manera que el mensaje es ajeno a los hombres, la
interpretación de la profecía tampoco puede ser particular o de hombres; tiene que
ser el mismo Espíritu que inspiro el mensaje original quien ahora lo dé a conocer.
(2 Ped.1:21). “entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la
Escritura es de interpretación privada,21. Porque nunca la profecía
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