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PROPUESTAS DE UNIDAD POPULAR ANTE LA VIOLENCIA SOCIAL
INTRODUCCIÓN
Concebimos la inseguridad y la violencia como
fenómenos multi-causales pero de honda raíz social.
Las asimetrías y des- igualdades sociales, el modo en
que se organiza la producción y la vida social, los
parámetros de acumulación y distribución de la
riqueza y los valores identitarios sobre los que se
construye la cultura son elementos insoslayables a la
hora de analizar y explicar la violencia social.
Es posible comprobar con rigor estadístico que el
crecimiento del delito guarda una indisoluble relación
con la crisis económica social y cultural. Si
tomamos el periodo 1990-2010, vemos que el mayor
crecimiento de hurtos, rapiñas, homicidios y suicidios
se registra durante el año 2002, en el marco de la
crisis de mayor dimensión en la historia de nuestro
país.
La desesperanza y la pérdida del sentido de la vida
son elementos determinantes de la conducta
delictiva, de acuerdo a los más prestigiosos
especialistas en la materia.
Es a partir del huracán neoliberal que devastó el
aparato productivo nacional y golpeó duramente a la
clase trabajadora que la inseguridad aparece en los
primeros lugares de preocupación de los uruguayos en
todos los sondeos de opinión. Otro elemento que
conviene tener en cuenta es el vinculado a la
reproducción simbólica de la inseguridad, entre 2005 y
2011 aumentó un 100% los segundos de televisión
destinados al tratamiento de noticias policiales.
Es indiscutible el papel que los medios juegan en
formar opinión pública y en la promoción de valores y
anti valores. El jurista argentino Eugenio Zaffaroni
definió este fenómeno
como
“criminalidad
mediática”.
Desde una perspectiva de izquierda no podemos tener
una visión restringida que aborde la inseguridad
simplemente como miedo al delito sino que debemos
tener una visión totalizadora que integre el concepto
de inseguridad estructural, es decir que defienda la
idea que no hay seguridad estable y duradera sin
trabajo, educación de calidad, salud, vivienda y
perspectivas.
La aplicación de un modelo económico excluyente y
concentrador ha generado una polarización social sin
precedentes en la historia. Esta exclusión y
fragmentación socio territorial viene generando
verdaderos guetos urbanos aumentando abismalmente la brecha entre barrios y regiones de la ciudad.
Se alteran los patrones de convivencia social y se
modifican las prácticas de convivencia cotidiana
crece el aislamiento, el miedo al otro, el refugio en lo
individual y la auto defensa.
De acuerdo con los datos del Observatorio Nacional
sobre Violencia y Criminalidad, el 51% de los
encuestados manifestó sentir miedo hacia “personas
pobres que habitan en ciertos barrios”.
Capítulo aparte merece todo lo relativo a la tragedia
educativa en el marco de un sistema que tiene
enormes dificultades para retener alumnos en la
enseñanza media y no puede articular con éxito los
vínculos con el mundo del trabajo.
Frente a este panorama se pretende instalar una
suerte de consenso conservador y represivo que
propone aumentar penas, privatizar cárceles y
militarizar la sociedad.
Desde la Unidad Popular tomamos distancia las
explicaciones triviales y orientamos nuestra mirada
hacia las causas. Nos oponemos a todo intento de
seguir criminalizando la pobreza.
El capitalismo es la reproducción ampliada de la
violencia en todas sus formas.
Una sociedad que perpetua la impunidad para los
terroristas de estado quienes perpetraron los más
aborrecibles delitos de lesa humanidad, una
sociedad que condena a la inmensa mayoría a vivir
con salarios de infra consumo, es en esencia una
sociedad insegura y violenta
LA VIOLENCIA SOCIAL ES CONSUSTANCIAL AL
CAPITALISMO
Una sociedad que niega a cientos de miles su propia
identidad, que condena cotidianamente a miles de
personas a la pobreza y la desesperanza, no puede
luego horrorizarse por las derivadas de su propio
comportamiento.
Quien sufre una existencia desdichada que se parece
más a la muerte que a la vida no tiene ninguna razón
para honrar la vida de otros.
No hay atajos. Quien siembra vientos, cosecha
tempestades!
No compartimos la narrativa oficial amplificada desde
los medios de comunicación que nos presentan el
delito con rostro de pobre y joven. Por el contrario
entendemos que son los jóvenes, los trabajadores,
los pobres las principales víctimas de la violencia y el
delito. Reconociendo la necesidad de implementar
un conjunto de medidas urgentes que contribuyan a
minimizar el impacto social de este flagelo,
decimos con toda claridad que es preciso una
intervención estructural si pretendemos soluciones
duraderas.
EL SISTEMA CARCELARIO
Las cárceles son un engranaje clave del sistema de
dominación y eventualmente en manos del sector
privado un lucrativo negocio para el capital que todo
lo mercantiliza.
Las cárceles son un engranaje clave en el sistema de
dominación y, eventualmente en manos del sector
privado, un lucrativo negocio para el capital que todo lo
mercantiliza.
Si como venimos afirmando las múltiples formas de la
violencia social son intrínsecas al capitalismo, es
preciso reparar brevemente en cuál es el estado actual
del mundo en que nos toco nacer, vivir y luchar.
Novecientos cincuenta millones de hambrientos
pueblan el planeta, cinco mil millones de pobres
sobreviven en la miseria, doce millones de niños
mueren al año de enfermedades curables. El hambre
como la guerra son decisiones políticas en cuyo seno
anida la peor de las violencias.
El rasgo distintivo de nuestra época está determinado por la crisis del capitalismo. Importantes
pensadores contemporáneos (Meszaros, Harvey,
Amin) sostienen que estamos en presencia de una
crisis de civilización que es producto del desarrollo
maduro o senil del sistema.
