Feminismo y marxismo, un matrimonio mal avenido.pdf


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PAPERS DE LA FUNDACIÓ/88

Mientras que el enfoque de los primeros marxistas ignoraba el trabajo doméstico y
hacía hincapié en la participación de la mujer en el mercado de trabajo, los dos
enfoques más recientes subrayan el trabajo doméstico hasta tal punto que ignoran el
papel habitual de la mujer en el mercado de trabajo. Sin embargo, los tres intentan
incluir a la mujer en la categoría de la clase trabajadora y comprender la opresión de
la mujer como otro aspecto de la opresión de clase. De este modo todos ellos pasan
por alto el objetivo del análisis feminista: las relaciones entre el hombre y la mujer.
Nuestros “problemas” han sido las relaciones de clase; el objetivo del análisis marxista
ha sido la comprensión de las leyes de la sociedad capitalista. Creemos que la
metodología marxista puede ser utilizada para formular una estrategia feminista, pero
evidentemente los enfoques marxistas analizados hasta ahora no lo han sido; en ellos,
el marxismo predomina claramente sobre el feminismo.
Como ya hemos indicado, esto se debe en parte a la fuerza analítica del propio
marxismo. El marxismo es una teoría del desarrollo de la sociedad clasista, del
proceso de acumulación en las sociedades capitalistas, de la reproducción del
dominio de clase y del desarrollo de las contradicciones y de la lucha de clases. Las
sociedades capitalistas se rigen por las exigencias del proceso de acumulación, que
pueden resumirse muy sucintamente en el hecho de que la producción está orientada
hacia el cambio, no hacia el uso. En un sistema capitalista, la producción es
importante sólo en la medida en que contribuye a la realización de ganancias, y el
valor de uso de los productos no es sino una consideración incidental. Las ganancias
provienen de la capacidad de los capitalistas para explotar la fuerza de trabajo y pagar
a los trabajadores menos del valor de lo que producen. La acumulación de las
ganancias transforma sistemáticamente la estructura social a medida que transforma
las relaciones de producción. El ejército de reserva del trabajo, la pobreza de gran
número de personas y la situación cercana a la pobreza de un número todavía mayor;
estos reproches humanos al capital son subproductos del propio proceso de
acumulación. Desde el punto de vista capitalista, la reproducción de la clase obrera
debe “ser abandonada confiadamente a sí misma”14. Al mismo tiempo, el capital crea
una ideología que crece a su lado, de individualismo, competividad, dominación y, en
nuestros días, consumo de un determinado tipo. Cualquiera que sea la teoría de la
génesis de la ideología de la que se parte, hay que reconocer que éstos son los
valores dominantes de las sociedades capitalistas.
El marxismo nos permite comprender muchas cosas de las sociedades capitalistas: la
estructura de la producción, la generación de una determinada estructura ocupacional
y la naturaleza de la ideología dominante. La teoría de Marx del desarrollo del
capitalismo es una teoría del desarrollo de los “puestos vacantes”. Marx predijo, por
ejemplo, el crecimiento del proletariado y la defunción de la pequeña burguesía.
Braverman, entre otros, ha explicado más precisamente y con más detalle la creación
de “puestos” de trabajo administrativos y en el sector servicios en las sociedades
capitalistas avanzadas15. Del mismo modo que el capital crea estos puestos al margen
de los individuos que los ocupan, las categorías del análisis marxista, tales como
“clase”, “ejercito de reserva del trabajo”, “trabajador asalariado”, nos explican por qué
determinadas personas ocupan determinados puestos. No dan ninguna pista sobre
por qué la mujer está subordinada al hombre dentro y fuera de la familia y por qué no
es al revés. Las categorías marxistas, como el propio capital, son ciegas al sexo. Las
categorías del marxismo no pueden decirnos quién ocupará los “puestos vacantes”. El

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