Versos de un amante nocturno.pdf

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(De cuando espié sus poemas)
Me la encontré en un bar de esquina,
De mesas sucias, de polvo con colillas.
Más en aquella sucia mesa,
De publicidad de Coca-cola,
Destacaba una pulida máquina de escribir.
Era vieja y la madera negra estaba arañada;
De recuerdos, de astillas y de aristas,
De madrugadas enlatadas en versos.
De versos oníricos sátiras de la realidad.
Tus manos se deslizaban gráciles,
Como las golondrinas cuando remontan el vuelo,
Y tus uñas rojas de charol, como sangre de torero arrepentido.
Escribías concentrada, con la sangre enervada,
Con el corazón aplastado, de cualquier manera,
En aquella vieja máquina de escribir de tu tierra.
A cada letra el sonido metálico martilleaba mis oídos,
Como el compás de aquél tiempo muerto
Que tus dedos caprichosos me dictaban.
Me senté y pedí un café con hielo.
Siempre fui un amante de las ironías.
Te marchaste y vi tus bailarinas negras.
En ese momento conocí parte de su ira.
