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Como un carnicero
senegalés
en el turno de noche
del área de guissona
van pasando ante mí
poemas aún calientes
que cuelgan de ganchos,
el olor a carne cruda
es un rojo que gotea
por mis guantes blancos.
La literatura apesta.
Debo abrir en canal
a los terneros,
desechar las vísceras,
separar la grasa
del músculo,
purificar el cadáver
a través de la transformación.
Hacerlo comestible.
La crítica
se ve atenuada por la necesidad de paz
y de ahí a la flexibilidad
tan solo
hay que dejarse llevar por la inercia,
despiezo
un ternero con los cuchillos mellados
pensando en plegar
lo más pronto posible.
Al amanecer
la literatura
sigue contaminando
la escritura,
el trabajo apenas da
para seguir tirando.
Unas sábanas calientes
me esperan en casa.

1

En la cara de las niñas
veo los rostros de señoras
que arrastrarán a sus nietas
hasta el colegio,
en las ancianas
surgen las niñas
que (se) fueron
y que apenas recuerdan
salvo por las pocas fotos
amarillentas y secas
y los aniversarios de los fallecimientos familiares,
la calle está llena de
recuerdos y fragancias
de cosas que ya no son,
en algún momento
se derramó lejía sobre este lienzo
y sigue siendo bonito,
pero ya no es bonito.
el cielo rojo
de los amaneceres
ha mutado en un paisaje irónico
que se ve a través de las ventanillas del tren
camino al patíbulo,
la esperanza es un
perro apaleado que huye
para salvar la vida,
el tiempo
una soga de cuero húmeda
y las personas
un continuo intento para no derivar
en chimpacés
tecnológicamente armados.
Voy por la calle
y lo que piso y lo que esquivo y lo que veo
no es, ya no es.
Se pierde algo en la mutación,
chorrean los colores
como gotas de lluvia que arrastran
la suciedad de los edificios
y en el rostro de señores
veo las caras de los niños
que (se) fueron,
y en los niños
los mismos gestos y vicios
y muecas macabras
de los viejos.

2

La cumbia
la chicha
el vallenato
y el merengue,
el choque
en Palenque
vámonos para allá.
En el último puente aéreo
la señora de mi lado
es gorda y desborda su asiento
y yo pienso pobre..., y no la culpo,
se santigua cuatro veces al tomar pista
y se queda dormida antes de despegar
para despertarse cuando pasan las azafatas
y comprar dos donuts
y un café con leche,
empiezo a culparla,
se santigua de nuevo
y duerme hasta aterrizar.
Si algún día muero en un avión
por favor
que suene la cumbia
mientras nos ponemos las mascarillas
que suene la chicha
mientras histéricos descendemos
que viva el vallenato
y el merengue en nuestra muerte
que bailen choque
las nubes contra el fuselaje,
que el ritmo siga
cuando los bomberos
arrastren mi cuerpo carbonizado
hecho uno con los auriculares.

3

De niño
me dijeron
hay dios
y referentes
sólo tienes que seguirlos
y luego
de joven me dijeron
mata a tus héroes
eres libre,
puedo ser muy aplicado
cuando creo en los consejos
y ahora
mientras cruzo el umbral
hacia el falso ser adulto
creo que mis autores preferidos
son poco más que medicocres
alcoholizados
con cierta gracia y algo de suerte.
He aprendido,
como me dijeron,
a vivir sin el consuelo
de los maestros y
sin la bondad de los dioses,
pero ahora,
cuando andan ya casi todos bajo tierra,
salen entrevistas
póstumas
y todos hablan de sus héroes
de juventud
y de todo lo que deseaban
ser como ellos
o como otros
y lo tanto que los estimuló ese deseo
y cuánta ayuda
moral y/o espirutual
recibieron de ellos.

4