EN ESTOS TIEMPOS DE LA TIERRA Noviembre de 2015 PDF.pdf

Vista previa de texto
El Verbo es pues, él también, un agente sanador y un bálsamo viniendo no para
aliviar o camuflar, sino para resolver todo lo que haya que resolver.
La acción del Verbo es inmediata. Ella no sufre de plazos, contrariamente a lo
que viene de las palabras, a lo que viene del lenguaje.
El Verbo es reconocido no por el cerebro, sino directamente por la Luz,
directamente por vuestra estructura física y vuestra estructura de Eternidad.
El Verbo activará, de la misma manera que lo que explicó el Comendador,
ciertas zonas, ciertos puntos, ciertas Estrellas y ciertas Puertas presentes en este
cuerpo y en el cuerpo de Êtreté.
El Verbo no es seducción. No puede describir ni expresar otra cosa que no sea la
Verdad del Ser en cualquier palabra que sea, en cualquier expresión que sea. El
Verbo incrementa la Corona radiante del Corazón, el Fuego vibral y se
manifiesta por la Gracia, tal como lo describió Teresa, en el momento de su
presencia o de su llamada.
El Verbo finalmente liberado, él también, os da a hablar no para decir algo, ni
justificar algo, ni para intercambiar, sino mucho más y exclusivamente, a hacer
resonar el Corazón del Corazón.
De manera similar a lo que dijo el Comendador, vuestras palabras y vuestro
lenguaje, que proceden de la palabra y de la reflexión, no arrastran efecto
vibratorio o energético, no tienen latencia.
El Verbo actúa directamente en la vibración y en la conciencia de aquel que las
recibe o en las circunstancias directamente.
Por supuesto, durante el tiempo, habrá a la vez una palabra ordinaria y en otros
momentos, la palabra diferente, la del Verbo. Las diferencias son significativas,
no tanto en las palabras que pueden ser las mismas, sino en la acción vibral y en
la conciencia que será en este caso, en el caso del Verbo, inmediato e
instantáneo, proporcionando también en vosotros, como en el otro, la capacidad
de vibrar, la capacidad de sanar, la capacidad no de explicar, sino de esclarecer
lo que está por esclarecer.
79
