EN ESTOS TIEMPOS DE LA TIERRA Noviembre de 2015 PDF.pdf


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quedará más, en el momento de la Llamada de María, ningún intersticio entre
vosotros y la Luz, entre la Luz y la Luz que Sois.
Entonces sí, amen todas las circunstancias de este mundo cualesquiera que sean,
sin juzgarlas, sin categorizarlas. Esto os mostrará a vosotros mismos que sois la
Luz, que está en marcha incluso si como lo decía el Comendador hace años, los
chicos malos se desahogan. Déjenlos jugar a solas. No participen en este juego,
sean ustedes mismos, sean humildes, y sobre todo sean dulces. El Amor no os
pide nada más, que de dejar florecer el Amor. La Eternidad sólo os pide de ser
libres y de ser vosotros mismos.
Las circunstancias de la Tierra en estos tiempos os muestran también lo que
todavía puede resistir a la Luz. Qué sean las estructuras estatales, que sean las
estructuras de las religiones, ¿qué punto de vista defienden? ¿Dónde os situáis
vosotros mismos? ¿En la humildad, la sencillez del Amor o en la complejidad de
lo que es efímero? Así como os decía con razón el Comendador, no hay más
silla, no hay más nalgas, no hay nada más que vosotros mismos. Todo se
disuelve a vuestro ritmo, invitándoles a desaparecer, a vibrar, a arder, a estar en
Alegría sin razón alguna.
Entonces si no vivís esto, no hay nada que criticar, no hay nada que reprocharse,
hay solo una dificultad en verse realmente, sin miedo. El miedo es exactamente
la antítesis del Amor, que os conduce al Amor a pesar de las apariencias, porque
son los tiempos de la Tierra los que vivís. El tiempo de la Revelación, el tiempo
en que todo lo que es contrario y fútil a la Luz, debe borrarse delante de la
majestad y la grandeza de la Luz, la que sois. Porque la Luz se basta a sí misma
y el estado de Gracia os colma de gracia, y en el emplazamiento de vuestra
conciencia aquí mismo sobre este mundo, en el seno de esta Gracia, no hay más
deseo, no hay más falta, no hay más búsqueda, hay solo la evidencia y la
plenitud del instante en su Presencia y en vuestra Presencia.
Así, que me presento a vosotros mucho más que como la niña Teresa que fui,
mucho más que como la Estrella que llevo, sino más como vuestra pequeña
hermana que sólo quiere ver vuestros ojos brillar por Amor y vuestro Corazón
sonreír al Amor. Es esto lo que se debe reconocer porque no hay nada más sobre
que apoyarse y habrá cada vez menos cosas, en lo efímero. Veis bien el barullo
del mundo pero les pido de ver aún más la Paz de vuestro Corazón. Sois los que
deciden, en definitiva, en lo sucesivo, de estar sometido a este mundo o de ser
liberado de este mundo. No hay ningún obstáculo para la Gracia de la Luz, para
estableceros en la Gracia. Sois vuestro único obstáculo.
Vendré a vosotros, recuerden, en cualquier circunstancia que sea, desde el
instante en que, en la circunstancia precisa que vivís, ponéis el Amor y la
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