las drogas una industria capitalista y opresora y la juven.pdf

Vista previa de texto
cortar de cuajo cualquier debate sobre las alternativas a las drogas. Se nos quiere hacer pensar que la droga
ya no mata, como pasaba y pasa con la heroína, sino que además de liberar es necesaria para estar al tope
en la carrera por la victoria individualista sobre y contra los demás. TODO VALE Y LAS NUEVAS Y
VIEJAS DROGAS TAMBIÉN. Contra este mensaje tan destructivo, solamente vale una sistemática lucha
teórico-ideológica, política, cultural e histórica. Se trata de enfrentar a esa tesis la antagónica según la cual
SE DEBE Y SE PUEDE DESARROLLAR UN CONTROL AUTOCRÍTICO DEL CONSUMO NO
ALIENADO DE ALGUNAS DROGAS.
Por consumo no alienado queremos decir el consumo consciente de los límites personales a esa droga, la que
fuere, de modo que somos nosotr@s los que la controlamos cuando queremos, y no la droga la que se
impone sobre nosotr@s y nos controla, nos domina, aunque sea en una noche. Aunque parece un tópico
tonto o un problemilla de fácil solución, es, sin embargo, un problema tan viejo como la misma droga y tan
difícil como el autoconocimiento personal de cada cual sobre y de sí mism@. Solamente la formación y
práctica personal, la charla y el debate colectivo, el progresivo conocimiento de cada cual con respecto a
sí mism@ y a l@s demás, etc., sólo ésta dinámica de enriquecimiento personal y colectivo resuelve
SIEMPRE TRANSITORIAMENTE el problema. Aquí y ahora no podemos extendernos sobre el particular
porque hacerlo requiere profundizar en varias cuestiones para las que no tenemos tiempo. Por algunas drogas
queremos decir que hay drogas OBJETIVAMENE ASESINAS, y sabemos a cuales nos referimos. Hay
también otras, casi todas las restantes, que nos plantean el problema de las dosis, de la cantidad, del
momento y situación personal y psíquica de su consumo, de lo que buscamos y deseamos con ese
consumo en ese momento y no en otro, etc. Una vez más, topamos aquí con la cuestión de nuestros
conocimientos científicos y revolucionarios del tema, con la urgente necesidad de ampliarlos y divulgarlos, y
también con el tema anterior, omnipresente, el de nuestro autoconocimiento personal, el de nuestras
debilidades y lagunas personales y de la forma de superarlas.
Es decir, resumiendo, nos encontramos, como siempre, frente al problema decisivo de la PRAXIS
REVOLUCIONARIA. Cuando hemos remarcado arriba que la resolución de esos problemas es siempre
transitoria, queremos decir que no hay solución definitiva y eterna al problema de las drogas Y MENOS
AÚN AL USO POLÍTICO-MILITAR QUE HACE EL ESTADO. La solución es la propia lucha diaria y es
la diaria lucha la que nos dice cómo debe ser la solución que mañana o que luego daremos a los nuevos
problemas que siempre surgen, a los nuevos ataques que siempre está ideando el Estado en respuesta a nuestros
nuevos avances o respuestas. Comprenderlo así y actuar en consecuencia, es parte elemental de la PRAXIS
REVOLUCIONARIA. La izquierda abertzale ha hecho y hace periódicos debates sobre este decisivo asunto.
Al loro.
4.2. CAMPAÑAS EN Y PARA LA CALLE.
Pero los debates de esta categoría no sirven de mucho en la mayoría de los casos porque la gente joven, los
adultos, no participan en ellos. Esos debates son imprescindibles pero insuficientes sobre todo para el
exterior, para la calle. Ahí fuera debemos interrelacionar las campañas de denuncia, con los actos de discusión
abierta y pública, con la propagación de alternativas globales a los problemas que están debajo del consumo de
drogas. Disponemos de esas alternativas y propuestas, pero nos falla el engarce teórico y político. Pensamos
que hay tres grandes formas que deben enriquecerse y mejorarse con el debate y la experiencia colectiva:
4.2.1.- La divulgación de una nueva denuncia crítica de los cambios y objetivos nuevos que el poder ha
introducido en su histórico uso de las drogas
En primer lugar algo que parece tradicional pero que tiene en la actualidad una gran importancia, como
veremos: la divulgación de una nueva denuncia crítica de los cambios y objetivos nuevos que el poder ha
introducido en su histórico uso de las drogas. Insistimos en que no estamos en la época de hace veinte o diez
años. Han cambiado muchas cosas y sabemos cuáles y porqué. Pero una nueva juventud se ha topado con una
nueva presentación del arma de la droga, y debe conocer nuestra crítica al respecto. También deben conocerla
los adultos. No podemos responder a las preguntas actuales con respuestas de hace quince años. Gradual,
progresiva pero imparablemente, en la medida en nuestra efectividad, se irá desmontando la legitimidad actual
de las drogas, aunque el problema no se reduce a la simple legitimidad, sino que es más hondo. Aquí interviene
la segunda cuestión.
