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Desarrollo emocional.
Clave para la primera infancia
3. Signos de alarma
Descripción de un ejemplo
Un padre lleva a un bebé de 10 meses al centro de salud. La secretaria, sensibilizada en la detección de signos de alarma, nota que el bebé “está despegado” del
cuerpo del papá formando un arco con su propio cuerpo (opistótono: hipertonía
muscular) y con mucha rigidez. Le comunica la observación al pediatra, quien en
la consulta pone especial atención al desarrollo del vínculo: descubre que este
papá cría solo al bebé porque la madre padece una enfermedad psiquiátrica y no
se ocupa de la crianza. El padre, además, perdió el trabajo y vive de la solidaridad
de los vecinos en un barrio de bajos recursos.
El siguiente paso consiste en contactar al padre con profesionales del área de
asistencia social. Se hace un seguimiento del bebé y su papá, y se busca la
colaboración de una vecina, para cumplir con la función materna. A esto, se le
suma una estimuladora temprana que supervisa su trabajo por cámara web con
un servicio central.
Aun así, el bebé no mejora y después de dos meses, se decide enviarlo al hospital
zonal más cercano, para consultar con una psicóloga infantil. Cada 15 días, el
niño y su padre trabajan juntos, y el adulto recibe una serie de recomendaciones
que mejoran el vínculo. El papá, a su vez, cambia su ánimo y logra conseguir un
trabajo. Esto le permite dejar a su bebé en un jardín maternal, que continúa con
el plan de estimulación. Más adelante, con un pequeño retraso madurativo, logra
ingresar en la escuela.
Atención
La ausencia de mirada y la falta de intencionalidad en los movimientos corporales
para dirigirse al otro son dos signos de alerta mayor que indican la posible evolución hacia un trastorno severo de la comunicación y de la interacción con el mundo.
Estos dos signos son observables de modo sencillo y directo. Un bebé que en sus
primeros meses de vida no mira, no comunica, no busca la interacción con el otro,
está manifestando signos graves de sufrimiento precoz.
Segundo año de vida
A partir de los 2 años, el niño pone en evidencia las características de su camino hacia la autonomía
y la independencia, que le permitirán desarrollar sus capacidades y su potencialidad en el mundo
de relaciones. Para esto, tiene un cuerpo, que va aprendiendo a dominar, y es capaz de controlar sus
impulsos. Empieza a someterse a condicionamientos sociales e ingresa con plenitud a los códigos
culturales a los que pertenece. Adquiere el lenguaje con mayor precisión, su juego se hace más sim-
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