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Investigación escrita por: Francisco Javier Maldonado Hdz
Como dice goffman (1985) Por más especializada y singular que sea una práctica, su
fachada social tenderá a reivindicar hechos que pueden ser igualmente reivindicados y
defendidos por otras prácticas algo diferentes[...] Mientras, de hecho, esos padrones
abstractos tengan un significado diferente en diferentes desempeños de servicios, el
observador es conducido a resaltar las semejanzas abstractas”2
En esta época estaba asociado el tatuaje con suciedad y esta puede ser vista
como una forma social de reacción frente a una acción considerada peligrosa
provocadora de desorden y generadora de algún tipo de anormalidad, esto porque la
normalidad del cuerpo al modificarse viola su estado natural, alterar el cuerpo es crear
un desequilibrio en el orden de las cosas.
El acto de tatuarse provoca intensas emociones físicas y psicológicas,
estudios sobre el tatuaje afirman que la adrenalina aumenta y con ella las
sensaciones de felicidad, satisfacción y relajación.
Con el paso del tiempo buscaban transgredir las normas establecidas, es
decir, redescubrir la eficacia simbólica del trabajo sobre el cuerpo y con esto se
empiezan a crear nuevos propósitos y satisfacciones del tatuaje, van haciendo a
un lado los tatuajes carcelarios y de clase baja.
El tatuaje ahora se empieza a plasmar en el cuerpo en tanto espacio mediador
entre el yo y la sociedad, por medio del tatuaje se hace presente lo ausente y se
expande hacia sentidos abstractos de un cuerpo posmodernos que se libera de
la presión de los otros y recompone sus lazos de identidad. La realidad actual de
las modificaciones corporales empieza a escapar de los lugares marginales y
clandestinos.
2
GOFFMAN, 1985
