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Investigación escrita por: Francisco Javier Maldonado Hdz
dichas, desdichas, ansias, temores, ideales, lealtades, ideologías, convicciones y
luchas.
A lo largo del tiempo y su permanencia, el tatuaje evidencia los más firmes
compromisos que tiene que ver con los afectos y con el modo de verse a sí mismo ante
la vida. El tatuaje es motivado por el deseo de expresar la propia voluntad, por la
necesidad de afirmar de manera permanente ante sí mismo y ante los otros la propia
identidad y la diferencia, tanto como hacer explícita la propia filosofía de vida, exponer
el ser interior, objetivar lo subjetivo y evidenciarse desde un registro impreso de la
experiencia de vida.
Ahora el tatuaje se ve como síntesis visual del sujeto, la principal motivación, más allá
del elemento estético es pues, la de dejar testimonio imborrable de sí mismo en su
unicidad, en el sentido justamente de trascendencia ontológica. Por otra parte los
logros en este tipo de práctica tiene que ver con la potencia expresiva del tatuaje que
reflejan la singularidad del sujeto; la “indelebiilidad” del tatuaje, la permanencia de su
sello hasta la muerte como una memoria que sobrevive al olvido, es un costo que a su
vez se constituye en una de las motivaciones que más fuerza le imprimen.
La práctica del tatuaje tiene que ver con una necesidad de sentido en un momento de
la vida, de integrar experiencias y de querer expresar un aspecto de sí mismo, frente a
lo cual la decisión de hacerlo marcando la piel parece responder a esa búsqueda, que
puede experimentarse en sí misma como un logro personal de compromiso con una
idea, valor, experiencia. Las circunstancias del inicio resumen algún interés que puede
ser estético, expresivo o de pertenencia a un grupo.
El tatuaje se inicia al identificar el cuerpo como un lienzo vivo y sensible, como
posibilidad de expresión artística que permite hablar de sí, el dolor que se experimenta
al tatuarse también da sentido a la práctica, el cuerpo es la expresión del sí mismo en
