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La educación para la salud o la intervención comunitaria pueden ser instrumentos metodológicos
para conseguir, por una parte, que el individuo sea el protagonista en la promoción de un estilo de vida
más saludable y, por otra, que la comunidad se capacite para encontrar soluciones a los problemas que
se gestan en su seno. De ahí que las acciones con un marcado carácter preventivo tengan que desarrollarse desde la cercanía a la población y con la participación de ésta. Por eso se puede dudar del éxito de
un programa si los sectores y agentes sociales -colegio, parroquia, centro social, centro de salud, sindicatos, asociaciones de padres y madres, vecinos, maestros, educadores de calle, farmacéuticos, monitores...- no se comprometen con sus fines o los profesionales responsables del programa no buscan la
coordinación y el intercambio.
La Salud ya no se entiende como la ausencia de enfermedad, sino como la situación de un completo bienestar a nivel físico, psíquico y social, tal y como la definió la OMS:
«La Salud es el equilibrio y la armonía de todas las posibilidades biológicas, psicológicas y sociales
que puede desarrollar la persona. Este equilibrio exige, por una parte la satisfacción de las necesidades
fundamentales del hombre. Estas necesidades son cualitativamente las mismas para todos los seres
humanos: Necesidades afectivas, de nutrición adecuadas, de cuidados sanitarios, de educación y de
bienes sociales. Por otra parte la Salud supone una adaptación siempre renovada a un medio en constante cambio».
También debemos entender por Salud una manera de vivir cada vez más autónoma y solidaria, lo
que significa poder evitar la enfermedad o curarla, así como tener el nivel de vida y cultural suficiente para
construir el propio estilo de vida de una manera libre, responsable y feliz. Por eso, el mantenimiento de la
Salud requiere de una responsabilidad creciente de los individuos de las familias y de las comunidades
frente a los riesgos que la amenazan, lo que implica la necesidad de una aproximación pluridisciplinar y
multisectorial a los problemas que le afectan.
Creemos que es evidente que toda acción educativa, aunque no se relacione directamente con
problemas sanitarios, constituye un eficaz medio para elevar la salud de los individuos y de la comunidad.
El papel del educador como agente de salud ha sido reconocido por todos los estudiosos del tema al
asumir su propia responsabilidad en la acción que emprenden entre individuos y colectividades como
promotores de salud física o psico-social. Ello implica necesariamente que deben adquirir conocimientos
básicos sobre la problemática a la que normalmente se enfrentan, más aún si lo hacen entre colectivos
marginados socialmente como en el caso de los Educadores de Calle.
Un aspecto importante de la prevención correspondería a la familia, primer educador del sujeto.
Habrá que devolverle, por tanto, ese protagonismo que a veces se ha delegado a la escuela, articulando
los medios precisos para que recupere su papel socializador y asegure el proceso educativo de hijos e
hijas. Para ello no sólo deberá disponer de los recursos vitales para su sostenimiento -vivienda, trabajo,
sanidad...-, sino que habrá que poner a su alcance otros medios que le faciliten esa tarea impostergable,
que necesariamente se desarrolla dentro de una comunidad. Esto nos conducirá a demandar servicios
que, por su naturaleza, no solapen ese papel protagonista, sino que lo realcen y estimulen: Escuelas de
padres, orientación familiar o cualquier otro que cubra las carencias descubiertas.
Desde esta perspectiva, y teniendo en cuenta a quien nos dirigimos, se ha realizado este Manual
que permitirá, sobre todo a los educadores y educadoras, adquirir los conocimientos básicos sobre las
características fundamentales de las sustancias en mayor uso, con una breve visión histórica sobre las
mismas, los dispositivos asistenciales, las estrategias de mediación educativa, los recursos disponibles y
la planificación de la intervención preventiva.
Pretendemos que a través de la lectura y reflexión de los contenidos y conceptos se obtenga una
visión amplia sobre estos aspectos que forman parte de una acción integral ante las drogodependencias,
con el fin de no demorar más la cuestión más olvidada: La prevención. Así, conociendo las características
socio-psicológicas que nos permiten identificar a las personas en riesgo o potenciales consumidores de
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