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ter informativa y centrada en los alumnos, ya fuese a través de charlas de policías o de ex-toxicómanos,
con bastantes conceptos que hacían referencia a estereotipos manejados por entonces cuando se hacía
referencia al mundo de las drogas: «Drogadictos», «delincuentes», «heroinómanos», «viciosos», «jeringuillas»...
A nivel comunidad, las acciones emprendidas se caracterizaron por la falta de metodología y cierta
ambigüedad de los programas, centrados sobre todo en la formación y sensibilización sobre drogas «ilegales», en un intento de reducir el consumo. Es llegada la década de los 90 cuando se evoluciona hacia
la prevención con programas de promoción de la salud dirigidos tanto a escolares como a padres y educadores. Se trabaja ahora también las drogas «legales», los valores y habilidades sociales y se elaboran
publicaciones y material didáctico sobre este tema, fundamentalmente desde las Comunidades Autónomas y asociaciones de ayuda al drogodependiente.
Parejo a todo ello surgen inquietudes asociativas, principalmente de madres y padres afectados,
para buscar soluciones al problema de las drogas, ante la inoperancia de la Administración, reclamando
atención y centros de tratamiento para sus hijos. Se combatía la droga y el tráfico con manifestaciones
populares, lo que tuvo un eco social importante reflejado en todos los medios de comunicación, tanto que
el tema de la droga y la inseguridad ciudadana llegaron a ser dos de las mayores preocupaciones de los
ciudadanos.
Hoy en día, aquellos primeros pasos han dado como fruto la profesionalización de las entidades y
una mayor coherencia y eficacia en los programas, ya sean libres de drogas en comunidades terapéuticas y unidades de día o de mantenimiento con metadona, aunque una buena parte de la atención a drogodependientes sigue en manos de centros con fundamentos religiosos regidos por ex-toxicómanos.
En el ámbito comunitario comienzan a surgir los planes autonómicos sobre drogas y los planes municipales, que perfilan y diseñan las actuaciones en materia de prevención, asistencia o reinserción. Surgen, consecuentemente, programas comunitarios en barrios concretos, con profesionales de la salud y el
trabajo social que coordinan todo el abanico de voluntarios y entidades juveniles, sociales, vecinales y
otras instituciones implicadas. A todo ello se suman otros programas específicos, ya sean de incorporación social, ocupacionales, asistencia jurídica y penitenciaria, pisos de acogida o de inserción, centros de
día, etc. Aunque queda bastante por hacer, muchos jóvenes han recuperado su salud, su autonomía
personal y han mejorado su calidad de vida, disminuyendo consiguientemente el deterioro familiar y social.
Pero la prevención sobre drogas hay que enmarcarla dentro del concepto genérico de promoción
de la salud (bio-psico-social), ámbito más amplio que la prevención específica, inespecífica, primaria,
secundaria o terciaria, pero siempre adecuándola a realidades concretas y prestando atención a los grupos de riesgo, promoviendo actividades hacia la población juvenil y coordinándose entre los distintos
servicios y agentes sociales. Por eso, y para no caer en errores anteriores o repetir acciones fracasadas,
habrá que partir de datos, estudios y análisis, además de conocer y optimizar los recursos institucionales
y sociales o crear los necesarios.
Tampoco podemos olvidar que la comunidad, en su conjunto, debe afrontar el problema social que
supone el uso y abuso de drogas, por lo que su participación debe ser estudiada y motivada si queremos
que este complejo problema de salud sea abordado de forma global e integral.
Después de afrontar durante dos décadas el problema de las adicciones en su aspecto de desintoxicación e inserción, todos los expertos ponen el énfasis en la necesidad de articular medidas preventivas que, con objetivos, metodologías y evaluaciones contrastadas, permitan detectar necesidades y darles respuestas. Para ello, es ineludible promover programas adaptados a cada realidad, con controles de
calidad y continuidad en el tiempo. Además, se insiste en la creación de recursos y actividades, en la
formación de los agentes sociales y en una coordinación efectiva.
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