Al Azif Necronomicon [espanol argentina].pdf
Vista previa de texto
Mundo Desconocido: El Necronomicon
perpetuo exilio. La blancura de la nieve es la infinita albura del verdadero misterio; el descubrimiento de
una cadena de montañas en el subconsciente revela a los exploradores "el pórtico de un mundo
prohibido, un mundo de inexplorada maravilla". Bajo un enigmático cielo, hasta el propio paisaje se
convierte en un vasto enigma que, una vez desentrañado, revela al hombre su insignificancia en el
esquema cósmico de las cosas.
En el espectáculo de los picos montañosos, "había una persistente insinuación que lo impregnaba todo de
un prodigioso arcano y una potencial revelación". Parecen un mandala. Forman la entrada a una caverna
de oráculos. "Era como si estas rígidas agujas de pesadilla señalaran los pilares de una espantosa puerta
de entrada a las esferas prohibidas de los sueños y a intrincados abismos de tiempo, espacio y
ultradimensionalidad remotos"; estas son las montañas de la demencia absoluta y sus vertientes más
lejanas se asoman a unos abismos finales, malditos (En la imaginería de Lovecraft, el elemento sexual
apenas necesita ser subrayado).
Este es un paisaje de abandono, de desolación, de muerte. Es el portal de la meseta de Leng, una
metáfora para la total desnudez. Aquí encontramos una vez más un laberinto de "masas de piedra
geométricamente eurítmicas" construido en "diabólica violación de la ley natural". Ninguna mano
humana ayudó a cincelar las piedras de esta vasta ciudad abandonada. Y también una vez más, su
arquitectura presenta torres y puentes de enlace; Lovecraft debió haber admirado la arquitectura futurista
de Metrópolis, de Fritz Lang.
Este último rompecabezas de piedra es "una complicada maraña de tortuosas calles y callejones; y todos
ellos son profundos cañones, casi túneles, debido a los salientes de mampostería de los sobrecargados
puentes". La ciudad entera constituye el lugar recóndito y rebuscado de un mundo, o antimundo, de
oscuros secretos; el horrible minotauro que hay en su corazón es una completa y hasta ahora desconocida
prehistoria de este planeta, en la cual el hombre no tiene lugar alguno.
La arquitectura es de "de una variedad infinita, de una solidez preternatural y un exotismo
completamente extraño"; representa conos, terrazas, columnas rotas, mientras va repitiéndose un motivo
en forma de estrella dé cinco puntas con sus insinuaciones cabalísticas. Y esta ciudad, sus monumentos y
sus murales, est5n completamente muertos. "Con absoluta certeza, estábamos deambulando en medio de
una muerte que había reinado, por lo menos, quinientos mil años".
El narrador y su compañero Danforth, los únicos supervivientes del equipo de exploradores que partieron
del mundo racional de la Universidad Miskatonic, van a parar precisamente al laberinto. Como Hansel y
Gretel en el bosque, marcan su camino dejando caer trozos de papel tras de sí, hasta que, por fin, llegan a
un monumental pórtico; "cinceladas avenidas conducen al oscuro mundo interior de cuya existencia nada
habíamos sabido antes, pero en aquel momento estábamos impacientes por recorrer". El laberinto los ha
llevado al portal, a una perfecta oscuridad, a una especie de pozo que desciende vertiginosamente y que
acabará conduciéndonos al borde de un gran abismo. La única fauna de estas regiones son pingüinos
ciegos y albinos, unos seres de aspecto fetal. Este es el auténtico paisaje de la interioridad, del
arquetípico Lugar más Interior: la matriz. La imaginería intrauterina aún se hace más sorprendente por la
presencia en este abismo de los restos ruinosos de una inmensa torre. En este paisaje de devastada
esterilidad encuentran la evidencia concreta de una vida que no es humana: el cadáver de su compañero
de exploración, Gedney, y uno de los perros esquimales del equipo están conservados con gran cuidado,
como si fuesen especímenes de laboratorio. Y lo son, ciertamente, para los Antiguos que habitan estas
regiones de interioridad, ese negro agujero que hay bajo las montañas de locura; para ellos son
interesantes ejemplos de una desconocida forma de existencia.
Este elemental miedo a las formas no existentes configura las paranoicas perspectivas de los paisajes de
Lovecraft.
92
