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Mundo Desconocido: El Necronomicon
unos nueve mil años antes de su época. Los sacerdotes de Toth no sólo escribieron tradiciones (por
desgracia ahora sólo conocidas por nosotros en unas cuantas inscripciones jeroglíficas, además de
algunos manuscritos defectuosos en cursiva), sino que también fueron los depositarios de escritos
sumarios muy anteriores a la Primera Dinastía egipcia. En este caso, mi pista provino de los conocidos
estudios de Waddell, Makers of Civilisation, etc., en los que emplea métodos análogos para descifrar el
sánscrito, el celta y otras antiguas fuentes a la luz de su suposición de unos antecedentes sumerios. El
método demostró ser el más adecuado y, acompañado como estaba de una profusión de .datos
lingüísticos, fui capaz de realizar mi traducción parcial del Necronomicon basándome en sus
investigaciones. Fue el fruto de muchos años de "duro trabajo" y ahora permanece en un lugar protegido
no sólo por dispositivos de seguridad normales, sino también, créase o no, por rituales mágicos. He
comprobado demasiadas veces la eficacia de los mismos para despreciarlos por más tiempo. Guardaré
escondido el texto de mi traducción parcial hasta mi muerte, después de la cual he tomado medidas para
que sea transferido a personas que respetarán el trabajo y que saben cómo preservar lo que hay de
valioso en él y protegerse a sí mismos contra sus influencias malignas. Pero queda mucho por traducir, y
mucho depende de lo que tarde el gobierno de Austria en disponerse a financiar nuestros programas de
ordenador. El Necronomicon, como Vd. ya sabe, está escrito en un código de un tipo particularmente
complicado, en el que se combinan elementos de difícil escritura con los trucos usuales en la técnica de
los realizadores de los códigos. Como puede ver, mi entrenamiento de antes de la guerra con la máquina
Enigma fue, después de todo, muy útil (tengo tendencia, tal como sabe, a ser un poco "guasón"). Y, cosa
bastante extraña, la participación del Dr. Williams durante la guerra en el programa de radar en
Bletcheley Park también resultó ser extremadamente útil. ¡Qué triste es pensar que no pudimos cooperar
desde el principio en una causa noble!
Fue el Dr. Williams, con su formación inglesa, quien se dio cuenta de que tres escritores muy diferentes
habían tropezado con partes de la verdad, El primero era la escritora para niños Enid Nesbit, esposa del
aspirante a fabiano John Bland. Empezó simplemente tratando de interesar a los niños con sus relatos,
pero pronto halló que la mejor forma para conseguirlo era escribir sobre magia. Hace uso de muchos de
los tópicos habituales; una alfombra de los deseos, un amuleto y un hada (aunque algo rara, puesto que
es peluda y tiene los ojos en los extremos de dos largas antenas), pero los emplea de forma imaginativa.
La alfombra parece que se mueve realmente y se pone rígida tal como ocurre con las alfombras de Las
Mil y una Noches. Los deseos concedidos por el hada se hacen verídicos de una forma que es, a la vez,
"vida real" y muy desconcertante. Pero lo que más nos interesó fue el Amuleto. Era sólo un medio
amuleto con el poder de crecer en forma de arco, a través del cual los niños pasaban a otros tiempos en
busca de la mitad que faltaba y con la que podrían formar un amuleto completo que le permitiría
conseguir los deseos más íntimos. En respuesta a una Palabra de Poder, tan próxima a la real que me
hace temblar, el medio amuleto crecía en forma de un gran arco y los niños pasaban a través de él. Este
es el Camino, y Vd. ha escrito sobre él. Un tema como éste sólo puedo tratarlo con todo el temor que me
inspira.
Otro escritor muy útil fue Tolkien, cuyas fantasías sobre Sauron y los poderes de la oscuridad en Mordor
resultaron estar demasiado estrechamente de acuerdo con los acontecimientos políticos a los que se
referían. Su alegoría era una alusión velada a lo que en realidad ha estado sucediendo, e inevitablemente
produjo considerables rencores.
Pero el más importante fue Lovecraft, cuyas aparentes obsesiones revelaban, diría que demasiado, lo
terrible que es para muestra mente finita el ser capaces de comprenderlas o de intentar descifrarlas.
Pero basta de estas pistas. Describirle como las seguimos creo que no seria tedioso, pero sencillamente
no hay tiempo. Lo presiento. Debo decirle, con un cierto presentimiento, que los parásitos de la mente
sobre los que Vd. ha escrito existen realmente, todos tienen su influencia e incluso son visibles bajo
diferentes apariencias. Describirlos como malignos, tal como hice cuando di con ellos por primera vez en
el transcurso de mi investigación, sería una ridiculez fuera de lugar. Sería como una hormiga invocando
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