APUNTES 5. Noviembre 2013.pdf

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UN SUEÑO
Estaba muerta, sin calor. La herida
era visible apenas en el flanco:
¡estrecha fuga para tanta vida!
El lienzo funeral no era más blanco
que el cadáver. Jamás humana cosa
vera el ojo, más blanco que aquel blanco.
Ardían Primavera impetuosa.
Los cristales, do cínifes inermes
Golpeaban con ala rumorosa…
Huyó de ella el calor. Yo dije: ¿duermes?
Con un salvaje sonreír violento
Más cerca repetible: ¿Duermes?, ¿Duermes?
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¿Duermes? Y al recordar que aquel acento
no era el mío, me crispó de pavura.
Escuché. Ni un murmullo ni un acento.
Cautivo de la roja arquitectura,
se dilataba en el bochorno un fuerte
olor a destapada sepultura.
El hálito invisible de la muerte
me estaba sofocando en la cerrada
habitación. Ala mujer inerte.
¿Duermes?, le dije: ¿Duermes? Nada, nada
El lienzo funeral no era más blanco.
Sobre la tierra de los hombres, ¡nada
vera el ojo más blanco que aquel blanco!...
Gabriel D’Annunzio
Italia. 1863-1938
