APUNTES 5. Noviembre 2013.pdf


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y enjaretarle más impuestos; en breve se experimenta
una recuperación de la economía. La producción de
productos agropecuarios exportables llega a los 71
millones de pesos, cifra nunca antes alcanzada. El fríjol,
maíz, algodón y caña de azúcar duplican su volumen en
la década del porfiriato; el chicle, henequén y hule
batieron sus marcas anteriores; la producción de azúcar y
fierro crece muchísimo, no tanto el garbanzo, el café y el
tabaco; la producción industrial llegó a los 50 millones de
pesos, poco menos del doble de la década anterior. El
régimen celebra en grande el primer centenario de la
Independencia con desfiles, inauguraciones, discursos,
bailes, banquetes, estatuas, etc.

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A pesar de las previsiones y represión del gobierno en
muchos puntos del país (con mayor o menor
coordinación entre ellos) se inicia la lucha armada. Díaz
como estaba aislado de la realidad del país se viene
enterando de la gravedad de la situación hasta abril de
1911. Es demasiado tarde, ya no hay forma de parar la
insurrección. Díaz presenta su renuncia el 25 de mayo de
1911 y abandona el país el 31 de ese mes.
Si bien no se puede decir que Díaz haya hecho un manejo
deshonesto de las finanzas públicas o que se haya
enriquecido en lo personal de manera ilícita, lo cierto es
que su ejercicio unipersonal del poder generó la
dictadura; dejó que terratenientes y empresarios (buena
parte extranjeros) se enriquecieran desmedidamente sin

ningún tipo de responsabilidad social ni para con los
trabajadores, ni para con el país; algunos de estos
afortunados mexicanos son Emeterio de la Garza, Antonio
Asúnsolo, Guillermo Andrade Policarpo Valenzuela, Delfín
Sánchez, Luis Terrazas, Carlos Rivas y otros.
Tan solo 6 000 propietarios de haciendas, que iban de mil
a más de un millón de hectáreas (en cinco casos), eran
los dueños de la mayor parte de la tierra cultivable del
país (los Terrazas en el norte, Olegario Molina en
Yucatán, los Martínez de la Torre y los Garza en Durango,
Lorenzo Torres en Sonora, los García Pimentel en
Morelos, los Cedros en Zacatecas, Iñigo Noriega en los
estados de México y Michoacán, los Madero en Coahuila,
Justino Ramírez en Puebla, José Escandón en Hidalgo…);
28 de los hombres favoritos de Porfirio Díaz acaparaban
50 millones de hectáreas de las mejores tierras del país.
Con este fin en 1883 y 84 se expidieron leyes que
permitían la adjudicación de cantidades ilimitadas de
tierra y eximía a los propietarios la obligación de
colonizarlas, estas haciendas crecieron adjudicándose
tierras de “nadie” (es decir de la Nación) y a costa del
despojo de los pequeños propietarios que, en su mayoría
se veían forzados a alquilarse a los grandes señores como
peones, ya fueran libres o acasillados.
En el modelo de la hacienda porfirista (donde la sed de
lucro explotó sin piedad a los jornaleros) dominada por