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y aunque al final, la hipotesis que creía mas válida era la que explicaba que se trataba de
una organización, que se valía de la leyenda para elegir a cuatro lideres enmascarados y
misteriosos y hacer creer a la gente que siempre eran los mismos perpetuandose en el
poder, también había quien decía que eran seres inmortales que bajaban desde la
cumbre de la montaña y se alimentaban de sangre.
Seannus se inclinaba por la primera opción aunque había dos cosas que le hacian
dudar, la primera que él mismo era inmortal, por lo que los inmortales existían y los
cuatro podían serlo y por tanto peligrosos, y la otra que de vez en cuando aparecían
cadáveres que siempre presentaban el mismo estado, secos, momificados, como si les
hubieran arrancado de golpe toda la humedad. Pero por un lado, el era el único de los
suyos que sobrevivió, y al resto los habían aniquilado. Y por otro lado estaba
convencido que los Cuatro de Xhantala buscaban más el oro que la sangre, por eso
habían promulgado las Dos leyes, y por eso todos los que las quebraban aparecian
muertos, así que si hubiera tenido sangre esta creía que hubiera estado a salvo.
De todas formas no tenía ninguna intenciçon de violar las dos leyes, que por otro
lado eran simples, primero, nadie se inmiscuie en los asuntos de los Cuatro y todos han
de pagar una parte de los tratos que se hacían entre las murallas de la ciudad. A cambio,
se ocupaban de mantener alejado al imperio y proporcionaban agua a toda la ciudad
desde su residencia amurallada en lo alto de la ladera de la montaña. Con estos
pensamientos Sianus recorrio las calles bulliciosas y se detuvo en la única posada que
había visto hasta ahora que no parecía ser un estercolero inmundo.
