Necul, relatos y anécdotas de un halconcito gris.pdf


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comportamiento se verá afectado, lo mismo va a pasar con cualquier otra especie. No le podemos pedir a
un peregrino que cace en el monte como lo hace en cielo abierto y si lo hacemos debemos estar
preparados para aceptar sus
limitaciones.
Aquella persona que se
decida a volar un gris debe
tener esto muy presente, yo
no lo tuve y me retrasó el
trabajo hasta que lo
comprendí o mejor dicho
hasta que Necul me lo hizo
comprender. Es notable como
su comportamiento, sobre
todo la respuesta al guante
cambia de un lugar a otro, si vamos a volar en una zona descampada siempre debo apretarlo un poco más
en su peso y sin embargo así y todo su respuesta no suele la mejor, en cambio si volamos entre plantas
muchas veces no hace falta el silbato, con solo levantar el guante el acude desde cualquier lugar. No es
necesario que sea un bosque muy espeso para que se sienta cómodo, cuanto más cerrado mejor pero con
contar con arboles separados por unos 10 o 15mts ya es suficiente, él sabe y la experiencia así se lo ha
demostrado que si llega a verse en peligro tiene
esos árboles para resguardarse y eso hace que se
comporte mucho más tranquilo y me preste más
atención a mí que al entorno.
Su tranquilidad en este ambiente es inversamente
proporcional al mío, cuanto más sucio e
impenetrable el terreno más a gusto se siente él
pero más me preocupo yo por temor a perderlo,
sobre todo al principio, poco a poco me fui
acostumbrando. Muchas veces me pasó
encontrarnos en el bosque haciendo vuelos al
guante, arrojarlo hacia una planta y darme vuelta
para alejarme un poco, volver a girar y no poder
encontrarlo por ningún lado. Mis nervios se
encrespaban, comenzaba a buscarlo por todos
lados, el radio de búsqueda iba creciendo cada vez más, llegué a estar más de 45 minutos buscándolo
hasta que finalmente lo encontraba solo porque él piaba marcándome el lugar donde estaba. Estoy seguro
que durante todo el tiempo que pasé buscándolo él me estaba viendo y sólo me lo hacía saber cuando se
le antojaba. Con el tiempo aprendí que lo mejor en esas circunstancias es quedarme en el lugar y esperar a
que se haga notar, generalmente con un piido. A medida que pasan los minutos y sigo sin verlo me
empiezo a preguntar si habrá salido tras algún pajarito que lo hizo alejar, si bajó a buscar algún insecto y no
lo escuché, o un montón de opciones que me hacen preocupar pero él siempre se las arregla para tenerme
vigilado. Esa es la ventaja de un improntado.