Necul, relatos y anécdotas de un halconcito gris.pdf

Vista previa de texto
y comienzo a patear intentado levantar uno, esto ocurre y Necul comienza a perseguirlo, fue uno de los
lances a chingolo más lindo, el pajarito no embarraba como los otros sino que volaba haciendo zigzag entre
las cortaderas y Necul
apretaba poniéndose cada vez
más cerca. Llego un momento
en el que estaba tan cerca
detrás suyo que el chingolito
busco refugio en una de las
cortaderas pero su
perseguidor entró
inmediatamente detrás suyo
trabándolo justo antes de que
alcanzara el centro de la mata.
Aunque me encuentre fuera
de casa me cuesta mucho
levantarme y no tomar unos
mates antes de empezar la
jornada por lo que así inicie el lunes con la diferencia que ahora contaba con la compañía de Alfonso quien
poquito a poco iba tolerando y me parece que hasta disfrutando esta infusión. Mientras desayunábamos
me dice “Oye, que tu mañana ya te vas y no me has prestado tu gris para volarlo”, sinceramente no se me
había ocurrido el preguntarle si en alguna de las salidas quería ser él quien llevara a Necul en el puño pero
estaba claro que así lo deseaba por lo que en la salida de la tarde el guante cambio de mano.
No sé muy bien como lo habrá sentido Alfonso pero desde afuera parecía que Necul se comportaba como
lo hace soy yo quien lo lleva, su actitud era la misma, perseguía todo pajarito que se levantaba, continuaba
insistiendo en el suelo cuando la presa embarraba y se negaba un poco a abandonar un lance fallido
aunque el pajarillo ya se hubiese desaparecido.
Mientras caminábamos el mismo cazadero que los días anteriores Alfonso llevaba las pihuelas bien sujetas,
de no haber sido así me parece que podríamos haber tenido una gran alegría cuando delante nuestro se
