Necul, relatos y anécdotas de un halconcito gris.pdf

Vista previa de texto
se afianzaron por temor a encontrármelo de un momento a otro en un estado irreversible. Señales como el
dormirse en la percha, la aparente inapetencia o la docilidad extrema pueden encontrarse en dos
situaciones totalmente opuestas, y estas son cuando el pájaro esta gordo y muy manso por lo que no le
incomoda dormirse en nuestra presencia o cuando su debilidad es tal que ya no lo puede controlar.
Evidentemente en el caso de Necul era lo primero.
En segundo lugar de la lista de errores cometidos está el intentar los primeros vuelos en un lugar abierto
por miedo a que se vaya arriba de una planta y no poder recuperarlo con facilidad. La mayoría de los libros
de cetrería recomienda eso, buscar un campo despejado de obstáculos y posibles atalayas ocasionales para
que el único lugar que tenga para posarse el ave cuando emprende el vuelo sea el puño del cetrero, pero
con Necul me estaba olvidando que se trataba de una “halcón de monte” y que la amplitud y el horizonte
lejos de facilitarnos las cosas lo llena de temor y desconfianza por lo que prefiere correr a emprender el
vuelo. Su reducido tamaño tampoco nos jugaba a favor, de un momento a otro se podía convertir en el
cazador cazado y eso él lo
sabía muy bien,
permanentemente oteaba
y aún hoy lo sigue
haciendo, el cielo para
corroborar de que no hay
otra rapaz que lo ponga en
peligro. Hoy me animo a
decir que la mejor opción
habría sido comenzar con
los vuelos al guante dentro
de la casa, permanecer
volándolo allí hasta que
conozca bien el señuelo y
sin perder tiempo pasar a
realizar unos pequeños
vuelos en un monte con no
más de 5 o 6 plantas de
altura media para ir poco a
poco cambiando la zona de entrenamiento.
Pero no todos fueron errores, también hubo algunos aciertos que hoy agradezco haberlos tenido. Uno de
los temores mas grandes con las aves pequeñas es que adquieran el mal habito de llevar en mano, para
evitar esto NUNCA le quité la comida ni nada que él tenga en su poder (señuelo, pihuelas, lonja, presa, etc)
sino todo lo contrario, cada vez que me era posible le ofrecí tentadoras picaditas. Desde que le presente
por primera vez un gorrión muerto hasta el día de hoy cada vez que esta con una presa entre sus garras me
acerco con varias picaditas y se las ofrezco, él comprendió esto rápidamente al punto tal que cada vez que
puede sube al guante con la presa y deja de pelar esperando las picadas. Algunas veces esta preferencia
por la carne que yo le ofrezco llegó al extremo tal que le hizo soltar su captura para acudir al guante ante
mi insistente llamado.
“En una jornada de caza en la zona rural de mi pueblo natal nos encontrábamos recorriendo una calle casi
sin trafico por lo que la caza desde la ventanilla era una muy buena alternativa. Al pasar frente a una casa
