Necul, relatos y anécdotas de un halconcito gris.pdf


Vista previa del archivo PDF necul-relatos-y-anecdotas-de-un-halconcito-gris.pdf


Página 1...55 56 575859116

Vista previa de texto


que en su parte delantera contaba con una veintena de frutales Necul emprende una persecución hacia un
bando de gorriones que busca refugio entre los árboles, éste los acosa una y otra vez haciéndolos salir pero
para mi desgracia el lance continúa para la parte trasera de la casa. Inmediatamente bajo del auto y
comienzo a correr por el lateral del límite de la casa, no podía ver nada por culpa del pastizal y la arboleda
solo escuchaba el cascabel y unos segundos después el agudo grito de lo que para mí era un gorrión que
había sido capturado. De pronto silencio absoluto, ni cascabel ni piido ni quejidos, evidentemente se había
producido la captura pero ¿Dónde? ¿Qué debía hacer, saltar el alambre y entrar sin permiso? ¿Y si llegaba
el dueño y me encontraba dentro de su casa? Mi temor creció cuando el ruido de mis palmas intentando
llamar a alguien fue respondido solo por el ladrido de un perro. Ahí fue cuando comencé de nuevo a
llamarlo, no solo de modo insistente con el silbato sino también utilizando su nombre hasta que de pronto
ese gratificante clin clin que hacen los cascabeles empezó a dejarse escuchar. De no sé donde Necul salió
volando y vino a posarse en mi puño piando con firmeza, en su pico traía las plumas de lo que había sido su
captura pero que había abandonado para responder ante mi llamado. Claro está que ese gesto fue
gratamente recompensado con todas las picaditas que quedaban en mi morral. Esta no fue ni la primera ni
la última vez en la que abandono una presa para venir a mi pero si fue una en las que más feliz me sentí de
que lo haga.”

Algo que quizás ayudó a evitar que lleve en mano es el hecho de que salvo raras, muy raras ocasiones,
nunca le pedí más de una captura diaria. Cada vez que el caza come todo lo que quiere, yo solo lo ayudo
pelando, abriendo la presa para que llegue a órganos como el corazón y el hígado o dándole picaditas (esto
último ocurre siempre). De este modo casi nunca fue necesario hacerle un cambio, si alguna vez lo hice
para poder recuperar con vida una presa no me dio ningún problema, al preferir las picaditas fáciles suelta
sin problema su captura.