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Con el transcurso del tiempo, un profeta de Dios fue con un mensaje de calamidad: el poder y la
influencia de la casa de Elí serían cortados, de manera que ya no llegaría a haber un viejo en su
casa. Además, se anunció que sus hijos corruptos morirían en un mismo día. (1Sa 2:27-36.) Cabe
resaltar que Jehová corroboró su juicio sobre la casa de Elí a través del joven Samuel. (1Sa 3:1114.) Samuel temía explicar el mensaje, pero lo hizo por petición de Elí, quien se resignó con humildad,
diciendo: “Es Jehová. Lo que sea bueno a sus ojos, que lo haga”. (1Sa 3:15-18.)
Jehová juzga a la casa de Elí. La retribución llegó según la palabra de Dios: Israel perdió unos
4.000 hombres en la batalla contra los filisteos. Luego, los israelitas decidieron transportar el Arca
desde Siló al campamento, pensando que esta acción resultaría en victoria sobre sus enemigos, pero
los filisteos atacaron con más fuerza. Como resultado, 30.000 israelitas murieron, el Arca fue tomada
y Hofní y Finehás, que estaban con el Arca, murieron. Un benjamita se apresuró desde las líneas de
batalla para llevar el informe a Elí. Ciego y débil, Elí, que para entonces contaba con noventa y ocho
años de edad, estaba “sentado en el asiento al lado del camino”, y “su corazón se había puesto
tembloroso a causa del arca del Dios verdadero”. Al oír que esta había sido tomada, cayó hacia atrás
“y se le quebró la nuca, de modo que murió”. (1Sa 4:2-18.)
Con el tiempo, la casa de Elí sufrió otro castigo, en este caso por medio del rey Saúl, cuando este
ordenó sin piedad el asesinato de los sacerdotes de Nob, que eran descendientes de Elí por medio
de Ahitub, hijo de Finehás. (1Sa 14:3; 22:11, 18.) Solo escapó de la masacre Abiatar, un hijo de
Ahimélec, que siguió siendo sacerdote durante el reinado de David. (1Sa 22:20; 2Sa 19:11.) Sin
embargo, Salomón destituyó a Abiatar como sacerdote debido a haber apoyado al conspirador
rebelde Adonías. (1Re 1:7; 2:26, 27.) Así pues, el juicio de Jehová sobre la casa de Elí se cumplió,
y se desposeyó a sus descendientes del sumo sacerdocio para siempre. (1Sa 3:13, 14.)
Núm. 3: * ¿Quién es “el anticristo”? (it-1 págs.143, 144)
*** it-1 págs. 143-144 Anticristo ***
Significa “contra (o en lugar de) Cristo”. Aparece cinco veces en las Escrituras tanto en singular
como en plural, todas ellas en dos de las epístolas de Juan.
Este tema no era nuevo para los cristianos cuando Juan escribió sus cartas (alrededor del año
98 E.C.). En 1 Juan 2:18 se lee: “Niñitos, es la última hora, y, así como han oído que el anticristo (gr.
an·tí·kjri·stos) viene, aun ahora ha llegado a haber muchos anticristos; del cual hecho adquirimos el
conocimiento de que es la última hora”. La declaración de Juan muestra que hay muchos anticristos
individuales, aunque todos juntos podrían formar una persona compuesta designada como “el
anticristo”. (2Jn 7.) El uso de la expresión “hora” para referirse a un período de tiempo relativamente
breve o de duración indeterminada se encuentra en otros escritos de Juan. (Véanse Jn 2:4; 4:21-23;
5:25, 28; 7:30; 8:20; 12:23, 27.) De modo que no limita la aparición, existencia y actividad del
anticristo a algún tiempo futuro, más bien, dice que ya está presente e indica que seguirá existiendo.
(1Jn 4:3.)
Identificación. Aunque en el pasado en repetidas ocasiones se ha intentado identificar al
“anticristo” con un individuo, como pudiera ser Pompeyo, Nerón o Mahoma (este último a instancias
del papa Inocencio III en 1213 E.C.), o con una organización específica —según la opinión de los
protestantes “el anticristo” aplica al papado—, las declaraciones inspiradas de Juan muestran que el
término tiene una aplicación amplia y abarca a todos aquellos que niegan que “Jesús es el Cristo” y
el Hijo de Dios que vino “en carne”. (1Jn 2:22; 4:2, 3; 2Jn 7; compárese con Jn 8:42, 48, 49; 9:22.)
El negar a Jesús como el Cristo e Hijo de Dios incluye necesariamente la negación de algunas o
de todas las enseñanzas bíblicas sobre él: su origen, su lugar en el propósito de Dios, su
cumplimiento de las profecías de las Escrituras Hebreas como el Mesías prometido, su ministerio,
sus enseñanzas y sus profecías, así como cualquier forma de oposición a él o cualquier esfuerzo por
reemplazarlo de su posición de Sumo Sacerdote y Rey asignado por Dios. Esto se ve en otros textos,
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