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Lecciones para nosotros:
22:2-51. ¡Con cuánta belleza describe esta composición de David a Jehová como el Dios verdadero,
aquel que merece nuestra confianza absoluta!
23:15-17. David tenía tanto respeto por la ley de Dios acerca de la vida y la sangre que en esta ocasión
se abstuvo de hacer algo que tan solo parecía ser una violación de dicha ley. Esa es la actitud que debemos
cultivar para con todos los mandatos divinos.
24:10. La conciencia de David lo llevó al arrepentimiento. ¿Es nuestra conciencia lo suficientemente
sensible para responder igual?
24:14. David sabía bien que Jehová es más misericordioso que los seres humanos. ¿Tenemos nosotros
tal convicción?
24:17. David sintió pesar de que su pecado acarreara sufrimiento a toda la nación. El pecador arrepentido
debe sentir remordimiento por la deshonra que su acción puede haber supuesto para la congregación.
Núm. 1: 2 Samuel 22:21-32
Núm. 2: Caín. Tema: La manera como tomemos un consejo dice mucho de
nosotros (it-1 pág. 387)
*** it-1 pág. 387 Caín ***
(Algo Producido).
El primer niño nacido en la Tierra de la pareja humana original, Adán y Eva.
Después del nacimiento de Caín, Eva dijo: “He producido un hombre con la ayuda de Jehová”.
(Gé 4:1.) ¿Significaban estas palabras que Eva pensaba que podía ser la mujer predicha que
produciría la descendencia por medio de la que vendría la liberación? (Gé 3:15.) Si ese fue el caso,
estaba muy equivocada. Sin embargo, tenía razón para decir que Caín había sido producido “con la
ayuda de Jehová” porque Dios no les había retirado la facultad de reproducción y porque, cuando la
juzgó, le dijo que ‘daría a luz hijos’, aunque con dolores de parto. (Gé 3:16.)
Caín se hizo cultivador del suelo, y “al cabo de algún tiempo”, tanto él como Abel, su hermano
más joven, le presentaron ofrendas a Jehová, pues sintieron la necesidad de ganarse el favor divino.
Sin embargo, Dios “no miraba con ningún favor” la ofrenda de Caín, compuesta de “algunos frutos
del suelo”. (Gé 4:2-5; compárese con Nú 16:15; Am 5:22.) Aunque se ha señalado que el registro
no especifica que la ofrenda de Caín fuese de los frutos más selectos, mientras que sí dice que la de
Abel era de los “primogénitos de su rebaño, aun sus trozos grasos”, el problema no radicaba en la
calidad de los productos que Caín ofreció. Más bien, como se registra en Hebreos 11:4, la ofrenda
de Caín carecía de la motivación de la fe, que fue lo que hizo aceptable el sacrificio de Abel. El que
Dios no viera la ofrenda de Caín con favor pudo haberse debido también a que era incruenta,
mientras que la de Abel representaba una vida derramada.
No se especifica cómo se hizo la distinción entre la ofrenda aprobada y la que no lo era, pero
debió ser evidente tanto para Caín como para Abel. Jehová, que lee el corazón del hombre (1Sa
16:7; Sl 139:1-6), conocía la actitud incorrecta de Caín, que se manifestó con claridad una vez fue
rechazado su sacrificio. Entonces empezó a mostrar abiertamente las “obras de la carne”, entre ellas,
‘enemistades, contiendas, celos y arrebatos de cólera’. (Gál 5:19, 20.) Jehová mostró a este hombre
resentido que podía ensalzarse si sencillamente se dirigía a hacer lo bueno. Pudo haberse humillado
y haber imitado el ejemplo aprobado de su hermano, pero prefirió pasar por alto el consejo divino de
lograr dominar el deseo pecaminoso que ‘estaba agazapado a la entrada’ deseando con vehemencia
someterle. (Gé 4:6, 7; compárese con Snt 1:14, 15.) Este proceder irrespetuoso fue la “senda de
Caín”. (Jud 11.)
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