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Núm. 3: Barac. Tema: Seamos valientes y no busquemos la alabanza de la
gente (it-1 págs. 283, 284)
*** it-1 págs. 283-284 Barac ***
Relámpago).
Hijo de Abinoam, de Quedes, ciudad que pertenecía al territorio de Neftalí. Al principio de la época
de los jueces, los israelitas se desviaron de la adoración verdadera, y debido a ello Dios permitió que
durante veinte años los oprimiera Jabín, el rey de Canaán. Clamaron a Jehová por auxilio y Él les
nombró un caudillo: Barac. (Jue 4:1-3.) Mientras que los cananeos que oprimían a los israelitas
estaban fuertemente armados, “no se veía un escudo, ni una lanza, entre cuarenta mil en Israel”.
(Jue 5:8.) Sin embargo, en los días de Barac Jehová le dio a Israel la victoria sobre sus enemigos,
un triunfo que no se olvidó. (Sl 83:9.) Los dos relatos que se registran de estos acontecimientos en
el libro de Jueces (en el capítulo 4 y en la jubilosa canción de Débora y Barac del capítulo 5) se
complementan y ofrecen un cuadro vívido de lo que ocurrió en aquel entonces.
La profetisa Débora, que en ese tiempo juzgaba a Israel, incitó a Barac a tomar la iniciativa para
liberar a su pueblo. Este aceptó, pero con la condición de que Débora le acompañase. Ella concordó,
si bien le dijo a Barac que Jehová vendería a Sísara, el jefe de las fuerzas de Jabín, en la mano de
una mujer. (Jue 4:4-9.)
Barac reclutó a diez mil hombres de Neftalí, Zabulón y otras tribus de Israel (Jue 4:6; 5:9-18), y
subió al monte Tabor. Al enterarse de ello, Sísara y sus fuerzas, equipadas con novecientos carros
de guerra provistos de hoces de hierro, avanzaron hacia los israelitas por el lecho seco del Cisón (en
la llanura de Jezreel). Las fuerzas israelitas, con Barac al mando, a pesar de estar muy poco
armadas, descendieron con valor del monte Tabor dispuestas a combatir contra el ejército cananeo
poderosamente armado. Sin embargo, el Cisón se convirtió en un torrente arrollador, e inmovilizó los
carros del enemigo. El registro dice al respecto: “Desde el cielo pelearon las estrellas, sí, desde sus
órbitas pelearon contra Sísara. El torrente de Cisón los arrolló”. Barac y sus hombres se
aprovecharon de esta situación, y el relato dice: “Todo el campamento de Sísara cayó a filo de
espada. No quedó ni siquiera uno”. (Jue 5:20-22; 4:10-16.)
Sísara mismo, después de abandonar su carro y a su ejército, que para entonces se encontraba
asediado, huyó y se refugió en la tienda de Jael, la esposa de Héber, un quenita que estaba en paz
con Jabín. Jael le mostró hospitalidad a Sísara, pero lo mató mientras dormía clavándole en las
sienes una estaca, que penetró hasta introducirse en la tierra. Cuando Barac llegó, Jael le invitó a
entrar en la tienda, y allí vio que la palabra de Jehová había resultado cierta: se había vendido a
Sísara en la mano de una mujer. (Jue 4:17-22; 5:24-27.) Posteriormente, la mano de los israelitas
victoriosos “siguió haciéndose cada vez más dura contra Jabín el rey de Canaán, hasta que hubieron
cortado a Jabín”. Por consiguiente, aquella parte de Israel “no tuvo más disturbio por cuarenta años”.
(Jue 4:23, 24; 5:31.)
Se cita a Barac como un fiel ejemplo entre aquellos “que por fe derrotaron reinos en conflicto, [...]
se hicieron valientes en guerra, pusieron en fuga a los ejércitos de extranjeros”. (Heb 11:32-34.)
Puede que Barac sea el “Bedán” de 1 Samuel 12:11 (según LXX y Sy). (Véase BEDÁN núm. 1.)

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