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Colectivo Literario
KAMINU LIMAY
y fumando cigarrillo Pielroja, despacio subía hasta el santuario
en compañía de Marcos Villarreal (Mono Arenas, por nombre
artístico) y Tito Bastidas con sus violines, que aún interpretan
magistralmente. En el Hotel La cabaña, Elías Agreda les servía
puerco hornado y gaseosa a Julio Zambrano y Félix Díaz, quienes
también portaban instrumentos para llegar hasta el atrio del
santuario, donde José María Mena y Vicente Enríquez, con sus
expresivos ojos, los esperaban junto a varias señoras intérpretes
que conformaban la “Rondalla tambeña” que debutaría en las
patronales del Nazareno, con presencia del obispo, del gobernador
de Nariño Ricardo Caviedes del Hierro, de la colonia residente en
Pasto y de Norberto Ortega, gerente del Instituto Financiero de
Nariño, Infinar.
Mientras tanto, por las destapadas calles del pueblo, Pedro Bombo
y “Polvorita” ya anunciaban los platos típicos que ofrecían los
restaurantes, como el de doña Virginia Pantoja y del restaurante
“Macondo” de Ignacio López y Etelvina Mora. Las bolas chilenas
de doña Pola las degustaban las niñas Idaly Salas, Doris Fajardo,
Elvia Narváez y Lola Albán. El Hermínsul, en la esquina de
Billares “Nequetemba”, chorreaba la baba saboreando morcilla de
doña Roletera.
El profesor Herrera y el profesor Caicedo, peinado con brillantina
y trompetas debajo de los brazos, iban a repasar a la banda de
guerra. Las fachadas de las casas se pintaban con cal y Franco Salas
preparaba su discoteca Oasis, donde bailará “Bugalu” exponiendo
sus nuevos 24 pasos y la caída de la hoja.
El flaco pintor, Robertico Narváez, en su estudio ubicado diagonal al
cementerio, retocaba un cuadro al óleo para participar en el salón de
pintura que había titulado “Las vaginas”. De repente, estando yo en
el despacho, junto a Martica Córdoba y Diógenes Dávila, expertos
secretarios de la alcaldía, sentí que las viejas gradas de madera
sonaban más que de costumbre; entonces, abriendo la puerta, como
perseguido por un espanto, el “Tuerto” López exclamó: “¡Señor
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