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LOS CAMPEONATOS MUNDIALES DE FÚTBOL: UNA FORMA DIFERENTE DE CONTAR LA HISTORIA
En aquellas épocas en que el reglamento no era tan exigente como lo es hoy
en cuanto al respeto por la limpieza en los procedimientos –lo que actualmente,
como hemos visto, se pregona a los cuatro vientos con el nombre de fair playuruguayos y argentinos fueron partícipes de verdaderas batallas dentro y fuera de
la cancha. Antes de la final de Ámsterdam -la que se jugó en segunda instancia,
ya que fueron necesarios dos partidos para definir al dueño de la medalla de
oro105- los uruguayos estaban muy preocupados por el rendimiento del puntero
izquierdo argentino Raimundo Orsi. La función de controlar a este jugador le
correspondería al half José Leandro Andrade, quien no obstante ser uno de los
más fabulosos jugadores que han vestido la camiseta celeste, debió ser instruido
convenientemente por el capitán Nasazzi sobre la forma de encarar el problema
desde el mismo comienzo del cotejo: “Mirá, José, si mueven ellos la jugada que
hacen es tirarla a la punta a Orsi. Vos dale la raya, hacé como que resbalás,
pero no le des la raya, tapásela, que él encare para el área”. Justamente así se
dieron las cosas, pero además cuando Orsi enfiló hacia el área le salió Nasazzi
con toda la decisión y rudeza de que era capaz y que el reglamento no permitía
pero toleraba. Mientras el argentino intentaba recomponerse, seguramente ya
pensando en cómo vengarse, Nasazzi dijo a Scarone: “Héctor, el partido es tuyo”106. Y resultó de Scarone nomás, porque al grito de “Tuya, Héctor” fue que
René Borjas le avisó que le cedería el balón para que definiera el campeonato.
Al día siguiente –y durante una escala en París del viaje de regreso que ambas selecciones emprendieron en el mismo tren pero en vagones diferentesCarlos Gardel tuvo la idea de invitar a los dos planteles a una cena show donde
cantaría él acompañado por prestigiosos músicos. El artista uruguayo -adorado
en ambas márgenes del Río de la Plata- pretendía promover la reconciliación
entre los rivales, ya que naturalmente los ánimos estaban todavía bastante caldeados por los roces ocurridos en la final. Aparentemente Gardel realizó los
convites por separado, y no mencionó a cada delegación la presencia de la otra ni
tampoco hizo referencia a que irían a sentarse intercalados en torno a una misma
mesa. Precisamente a Orsi y Andrade les tocó ubicarse uno al lado del otro, lo
que aprovechó el moreno uruguayo para increpar al puntero: “Decime, ‘Mumito’… ¿Se puede saber por qué me pisaste? Estoy rengo por culpa tuya”.
Viendo que las cosas se empezaban a poner feas, y a manera de oportuna estrategia para diluir la inevitable y enojosa situación, el cantor tomó cartas en el
asunto. Sabedor de que Orsi era también un muy buen violinista, tuvo la idea de
invitarlo a subir al escenario para que demostrara sus habilidades musicales
acompañándolo en “La cieguita”; éste era un tango que dos españoles Ramuncho (Ramón Bertrán Reyna) y Keppler Lais (Patricio Muñoz Aceña), en
105
En el primero de ellos habían empatado 1-1 con goles de Scarone y Ferreira para Uruguay y
Argentina respectivamente, resultado que no se alteró luego de un alargue de treinta minutos.
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Gerardo Bassorelli - La ráfaga olímpica. Colombes y Ámsterdam – Editorial Fin de Siglo –
Uruguay – 2012.
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