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Dr. MÁXIMO PERCOVICH
“Monti, mi compañero en la Juve, fue medio campeonato. ¡Qué personalidad!
Se paraba en la mitad de la cancha y metía miedo. Contra España fueron los
partidos más difíciles y él fue un espectáculo. Le pegaban, se levantaba y seguía
corriendo. . De vuelta a la concentración, tenía las piernas moradas de los golpes”31.
Después, en el segundo tiempo, fueron anulados sendos goles a Regueiro y
Quincoces, por lo que el resultado permaneció incambiado hasta el final.
Regueiro pasa a Chacho y cuando este avanza cae, pero el “madridista” que
está de ojo avizor acude oportuno y remata raso a las mallas. Hay el consiguiente júbilo entre los “colorados”, que cesa pronto al dictaminar Mercet la
invalidez del marcaje por fuera de juego de Campanal. Hay protestas, pero cesan pronto al ver que serán infructuosas. (...) España lanzó dos veces la pelota
en la red de Combi, en ocasión de que el silbato del árbitro sonaba, un instante
antes de que el balón traspasara el dintel. La primera de estas ocasiones fue en
off-side evidente de Campanal; la segunda fue una falta señalada contra España
cuando el balón se adentraba en la red32.
Italia debería ahora vérselas en semifinales con el fabuloso Wunderteam austríaco liderado por Matthias Sindelar, el famoso “Mozart” del fútbol. Pero Benito
Mussolini ya había dispuesto que aquel encuentro estuviera a cargo de otro
árbitro de su total confianza: el sueco Iván Eklind, de sólo veintiocho años, quien
la noche previa al partido tendría el altísimo honor, reservado a muy pero muy
pocos mortales, de cenar en privado con el propio Duce. Y como no podía ser de
otra manera, Italia se quedó con la victoria tras triunfar 1-0. El gol llegó a los
diecinueve minutos por intermedio de Guaita -otro ex argentino- a quien los
austríacos acusaron de estar ubicado en posición al menos dudosa; también se
dice que en la jugada hubo falta de Meazza sobre el arquero Platzer. El partido
se llevó a cabo en un estadio San Siro de Milán totalmente inundado por la intensa lluvia, que pese a haber sido tratado de emparchar en base al uso de arena y
aserrín significó un duro escollo para el fútbol depurado de Austria y un aliado
para la violencia italiana; Iván Eklind se encargó de hacer el resto.
Antes del partido contra Italia, Mussolini había tenido una reunión con el árbitro sueco. Y por nuestro entrenador, Hugo Meisl, ya sabíamos que el árbitro
estaba comprado y que iba a arbitrar a favor de los italianos. (...) Hasta llegó a
jugar con ellos. Cuando pasé el balón al ala derecha, uno de mis compañeros,
Zischek, corrió a por él, pero el árbitro se lo devolvió a los italianos. Fue una
vergüenza33.
31
El Gráfico – Libro de colección N° 11 – La historia de Argentina en los mundiales – Ya citado.
32
Ídem.
Palabras del delantero austríaco Josef Bican para el documental Fútbol y fascismo (Fascim and
Football) presentado por la BBC de Londres y producido y dirigido por Séan Hughes – 2003.
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