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Dr. MÁXIMO PERCOVICH

El ambiente pesó, más que en nuestros hombres, en el encargado de dirigir la
contienda que no supo o temió hacerlo con la rectitud, la firmeza y el acierto que
el match debía merecer. (...) Como era natural, y humano, el fervor popular se
dirigía hacia los “azurri”, y este fervor .podía influir en el árbitro, sobre todo
en un hombre tan poco enérgico y fácil como Baert. (...) Como decimos, poco
enérgico y fácil a la influencia del ambiente, prueba de ello es que las razones
por las que ha anulado el goal, son contradictorias, pues mientras, según parece, a unos ha manifestado que lo anuló por off-side, a otros ha sostenido que por
‘”foul”; lo único cierto es que lo anuló, quizá sin saber él mismo exactamente
por qué. Tan cierta se aparenta la injusticia de esta decisión arbitral, que incluso los mismos italianos no encuentran razones para justificarla.26
El gol español fue conseguido por Regueiro a los 31', pero a los 43' se dio el
empate italiano gracias a que el portero Zamora fue sujetado por Schiavio; esto
determinó que en consecuencia Ferrari pudiera convertir. Dicho sea de paso,
Zamora terminó ese partido con dos costillas rotas. Tras algunas vacilaciones y
consultas con los asistentes, Baert concedió el tanto. En el segundo tiempo ocurrió la inexplicable invalidación del gol de Lafuente.
Hay un avance de Iragorri que cede espléndidamente a Lafuente. En este momento, el árbitro suena el silbato, señalando una falta que no hemos alcanzado a
ver, pero Lafuente ha chutado ya y el balón se halla en el fondo de la red de
Combi. El gol, desde luego, no es concedido, cometiéndose con ello tamaña
injusticia con España, ya que evidentemente ninguna falta se había producido, y
mucho menos, ningún off-side como parte del público ha querido ver27.
Al día siguiente se jugaría el partido de desempate, -nuevamente en el estadio
Giovanni Berta, de Florencia- el cual de ser necesario sería prorrogado treinta
minutos igual que en el choque anterior, pero con la diferencia de que un sorteo
sería el encargado de establecer al semifinalista si la igualdad continuaba sin
romperse. El principal problema para España era que, a consecuencia de los
brutales golpes recibidos, siete jugadores titulares habían quedado imposibilitados de participar: Zamora, Ciriaco, Fede, Lafuente, Lángara, Gorostiza e
Iraragorri. Es obvio que, conocidas las características de los futbolistas españoles, no resulta creíble que hayan aceptado soportar tremendo castigo sin esbozar
una reacción; por esa razón Italia también perdió un total de cuatro componentes
de cara a la revancha: Ferrari, Castellaza, Schiavio y Pizziolo. Pero pese a la
euforia por la reciente gran actuación de su equipo, la prensa hispana continuaba
teniendo claro que su suerte estaba echada.
Y no es broma. Es la verdad misma que mañana, si no hay vencedor ni vencido,
un sorteo con un borsalino o con una auténtica arquilla de los Medicis, dirá cuál
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Ídem.
Ídem.

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