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LOS CAMPEONATOS MUNDIALES DE FÚTBOL: UNA FORMA DIFERENTE DE CONTAR LA HISTORIA

por parte de Italia, al precio que fuera. Tan imprescindible era este final, que
Mussolini mandó a diseñar la “Coppa del Duce”, un trofeo seis veces más grande
que el que se había disputado en 1930 y al cual el dictador de ninguna manera se
permitiría entregar a cualquier otro capitán que no fuera el de la selección azurra.
Las palabras que oportunamente Il Duce dirigiera a Vaccaro, aunque éste
como se verá no tuvo una inmediata comprensión de la magnitud de su significado, fueron más que elocuentes:
− No sé cómo hará, pero Italia debe ganar este campeonato.
− Se hará todo lo posible − fue la respuesta del presidente de la
Federación.
− No me ha comprendido bien. Italia debe ganar este Mundial. Es
una orden − dijo tajantemente Il Duce.
La selección italiana tenía que ganar la copa mundial de 1934 utilizando
cualquier recurso, por más que éste fuera ilegal, contradictor de la moral cristiana
o apartado de las buenas costumbres.
Para que no se descuidase detalle alguno, Mussolini asumió el control total de
la organización del certamen. Todo el campeonato fue un programado ejercicio
político. Los carteles que anunciaban el evento mostraban la figura de Hércules
con un pie sobre un balón y el brazo extendido haciendo el saludo fascista. El
estadio de Turín pasó a llamarse Stadio Mussolini. Y los jugadores de la selección, a los que el mandatario italiano denominaba «soldados al servicio de la
causa nacional», comenzaban y terminaban los partidos saludando al público
con el brazo extendido en alto y cantando a Italia21.
Después de la renuncia de Suecia, el otro aspirante a organizar el campeonato, Mussolini tuvo la primera parte del camino allanado para sus aspiraciones;
aparentemente el gobierno italiano habría ejercido una serie de presiones a todo
nivel que obligaron a los suecos a desistir en sus intenciones. El paso siguiente
fue quitar del medio a Grecia, porque en aquel torneo el sólo hecho de ser local
no eximía a ninguna selección de participar en la fase clasificatoria. Luego de un
primer partido jugado en el estadio San Siro de Milán en el que Italia ganó 4-0,
los griegos se rehusaron a presentarse a jugar la revancha en su propia tierra,
habiendo sido convenientemente recompensados por Italia con la compra de una
casa de dos pisos en Atenas para el usufructo de la federación griega, la cual se
encontraba en plena crisis económica por aquel entonces22.
Pero tal vez lo vital desde el punto de vista del poderío deportivo del equipo
haya sido la nacionalización de cuatro jugadores argentinos: Raimundo Orsi,
21

Alcaide Hernández, Francisco – Fútbol, fenómeno de fenómenos – Editorial Lid – España – 2009.

22

Wernicke, Luciano – Historias insólitas de los Mundiales de Fútbol – Buenos Aires – Argentina –
Editorial Planeta – 2010.

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