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jóvenes afirmaron que tras consumir alcohol y drogas "tuvieron más sexo del que habían planeado'', por lo
que la incidencia de los estupefacientes y bebidas alcohólicas sobre las prácticas sexuales es
significativa. El estudio, realizado sobre una base de 1.200 adolescentes, muestra que los jóvenes de 15
años que toman alcohol tuvieron siete veces más posibilidades de tener relaciones que aquellos que no
bebieron, mientras que los que consumieron drogas tuvieron cinco veces más posibilidades de mantener
relaciones. "Cuando se mezcla drogas y alcohol con sexo, uno ingresa en un mundo donde crece el
peligro de contraer sida u otras enfermedades'', dijo el ex secretario de Salud estadounidense Joseph
Califano.
Según los resultados de una investigación publicados por la revista médica "Family Practice" en su
edición número 20 de 2003, más de la mitad de los estudiantes de medicina no practican el llamado "sexo
seguro" –uso de preservativos- en sus encuentros sexuales casuales. Que el "sexo seguro" es un mito en
el que no creen ni siquiera los estudiantes de medicina ha sido demostrado por un revelador estudio
publicado por la revista médica inglesa.
El estudio deseaba investigar los hábitos de jóvenes con una educación superior al promedio –
universitarios de Medicina-, para conocer el grado de reactividad de la juventud inglesa a las campañas a
favor del uso del preservativo.
Según los resultados, "el uso del preservativo durante encuentros sexuales de alto riesgo parece
sorprendentemente bajo para un grupo de personas con un alto nivel educativo", dice el autor del estudio.
El sondeo se realizó con alumnos de entre segundo y cuarto año de la escuela de medicina del Hospital
St. George, y se les preguntó respecto del uso de preservativos durante encuentros sexuales casuales en
las vacaciones, el período del año en el que las enfermedades de transmisión sexual crecen
sensiblemente en Inglaterra.
La encuesta reveló que el número de encuentros sexuales con parejas no conocidas varía de uno a 10
durante el verano, con un promedio de tres por estudiante entrevistado.
Sólo el 41% de los varones señaló utilizar preservativos en cada encuentro sexual. La razón aducida por
el otro 59% para no usarlo, en la mayoría de los casos, fue el saber o asumir que la mujer utilizaba
contraceptivos.
La investigación concluye con la alarmante advertencia de que ni siquiera el temor a contraer
enfermedades de transmisión sexual ha sido capaz de generar en jóvenes estudiantes de medicina la
conciencia del así llamado "sexo seguro".
Con todo este chaparrón de datos, cualquiera puede concluir que el empleo de condones requiere
habilidad, madurez, autodisciplina, planificación, motivación. Los adolescentes, inmaduros, impulsivos y
arriesgados, que buscan la satisfacción inmediata, no parecen buenos candidatos para adquirir y practicar
esas cualidades. Y si pudiéramos enseñárselas, no tendríamos la actual crisis educativa, con la elevada
tasa de fracaso escolar que ni siquiera las políticas educativas más permisivas y maquilladoras son
capaces de disimular.
El mensaje del "sexo seguro" se intenta justificar apelando al realismo. Pero, ¿son realistas estas
campañas?. A veces da la impresión de que el condón se ha convertido en el amuleto de los ritos de
iniciación sexual hoy. Se espera que, por el hecho de haber explicado a los jóvenes cómo utilizarlo y por
facilitar que lo lleven en el bolsillo, va a protegerlos y a cambiar su conducta en un aspecto en el que
juega tanto la pasión. Pero, como han señalado algunos investigadores, como Alessandri y otros, "el
empleo del condón requiere habilidad, madurez, disciplina, planificación, motivación. Los adolescentes
inmaduros, impulsivos y arriesgados, que buscan la satisfacción inmediata, no parecen buenos
candidatos para adquirir y practicar esas cualidades". Alessandri mantiene que numerosas publicaciones
científicas afirman que la educación sexual/VIH, basada únicamente en la prevención modificadora, ha
fracasado sistemáticamente en su intento de producir cambios significativos en la conducta de los
adolescentes, sobre todo por lo que se refiere a un comportamiento que reduzca el riesgo de
contagio(95). El problema se ha suscitado al centrar la educación en la prevención modificadora (condón)
olvidando la inducción en los sujetos de hábitos positivos permanentes, de manera que su actuación les
aleje de las conductas de riesgo(96).
También habría que preguntarse si el mismo tono de estas campañas, que extienden la idea de una
trivialización de las relaciones sexuales, como quien se sonara los mocos, no contribuyen precisamente a
hacer más frecuentes esas conductas de riesgo que quieren prevenir. Nuestra tesis es que así es. Lo
paradójico es que en una época que busca a toda costa el "sexo seguro", nunca el comportamiento
sexual de los adolescentes ha tenido más riesgos. Hasta el punto de que las más importantes revistas de
Medicina se han ocupado de este problema de salud pública. Y los estudios confirman que la actividad