1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf


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las culturas de los pueblos, no solamente no perece, sino que es purificado, elevado y
consumado para gloria de Dios, confusión del demonio y felicidad del hombre. Así la
actividad misional tiende a la plenitud escatológica: pues por ella se dilata el Pueblo de Dios,
hasta la medida y el tiempo que el Padre ha fijado en virtud de su poder, pueblo al que se ha
dicho proféticamente: " Amplía el lugar de tu tiempo y extiende las pieles que te cubren. ¡No
temas! ", se aumenta el Cuerpo místico hasta la medida de la plenitud de Cristo, y el tiempo
espiritual en que se adora a Dios en espíritu y en verdad, se amplía y se edifica sobre el
fundamento de los Apóstoles y de los profetas siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús (
Cf. Ef., 2,20 ).

Capítulo II
La obra misionera

Introducción
10.
10. La Iglesia, enviada por Cristo para manifestar y comunicar la caridad de Dios a
todos los hombres y pueblos, sabe que le queda por hacer todavía una obra misionera ingente.
Pues los dos mil millones de hombre, cuyo número aumenta sin cesar, que se reúnen en
grandes y determinados grupos con lazos estables de vida cultural, con las antiguas
tradiciones religiosas, con los fuertes vínculos de las relaciones sociales, todavía nada o muy
poco oyeron del Evangelio; de ellos unos siguen alguna de las grandes religiones, otras
permanecen ajenos al conocimiento del mismo Dios, otros niegan expresamente su existencia
e incluso a veces lo persiguen.
La Iglesia, para poder ofrecer a todos el misterio de la salvación y la vida traída por
Dios, debe insertarse en todos estos grupos con el mismo afecto con que Cristo se unió por su
encarnación a determinadas condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes
convivió.
Art. 1. El testimonio cristiano

Testimonio y diálogo