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E

l libro de Génesis es un libro de
comienzos: del comienzo de los cielos
y la tierra, del comienzo de la vida y,
lamentablemente, del sufrimiento que
ahora experimentamos. El libro registra
también el comienzo del matrimonio. Dios
une al primer hombre y la primera mujer
como “una sola carne” (2.24), les bendice y
les dice: “Fructificad y multiplicaos” (1.28).
Contrariamente a lo que algunos puedan
pensar, el matrimonio no es un invento
cultural para dar seguridad y ventajas
sociales. Fue parte del buen plan de Dios
para este mundo desde el comienzo.
No hace mucho tiempo, parecía que para
mí no quedaban comienzos, sino solamente finales. Mi mundo pareció derrumbarse
cuando mi matrimonio
terminó abruptamente. Sin
previo aviso, mi ex esposa
confesó que me había sido
infiel y que iba a introducir
una demanda de divorcio. Si
el matrimonio es la creación
de “una sola carne”, entonces el divorcio se siente
como si a uno le arrancaran
un brazo.
Cuando la herida estaba
fresca, Jesús fue mi único
consuelo. Cuando tuve que enfrentar mis
errores y aprender a perdonar, el Espíritu
Santo me guió. Cuando estuve listo para
recoger los pedazos y seguir adelante, Dios
dirigió mis pasos. Pero no importa cómo
me bendijera, parecía que estaba viviendo una vida a medias. Sin embargo, este
sentimiento no venía como resultado de la
autocompasión o el pesimismo. Se basaba
en las inmutables palabras de la Biblia, o
eso creía yo. En la epístola a los cristianos
en Éfeso, Pablo escribe acerca del matrimonio: “Por esto dejará el hombre a su padre y
a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos
8 FEBRERO 2014 EN CONTACTO

serán una sola carne.
Grande es este misterio; mas yo digo esto
respecto de Cristo y de
la iglesia” (Ef 5.31, 32).
Para mí, la implicación
era que en el matrimonio hay una bendición
maravillosa que no se
parece a ninguna otra.
En el Maravilloso Mago de Oz, las brillantes zapatillas eran el boleto de Dorothy
a casa, y las había tenido todo el tiempo
desde que ella y su casa fueron a parar por
primera vez en Oz. Un detalle aparentemente pequeño al comienzo de la historia
vuelve después para revelar algo esencial
para la trama, y eso lo cambia todo. Solo
que no se trataba de una
idea tardía; el autor, L. Frank
Baum, lo había planeado
desde el principio. Dios
hizo algo parecido cuando
escribió la historia de la
redención.
En Efesios, Pablo explica
cómo Dios había sepultado
un misterio en la trama de
la redención, en Génesis 2,
un misterio que cambiaría
nuestra manera de pensar
sobre su buen regalo del matrimonio. Al
establecer un paralelismo entre el amor de
un esposo por su esposa y el de Cristo por
la iglesia, pensamos que Pablo está simplemente utilizando un gran ejemplo de
amor para hacerse entender. Sin embargo,
el matrimonio es el ejemplo —el símbolo, la
metáfora, la ilustración—, usado para reflejar algo más antiguo y más fundamental.
El propósito del matrimonio no es tema
de debate. Es una imagen de la relación
que hay entre Cristo y su pueblo. Y el objetivo final del amor de Cristo por su esposa,
de acuerdo con este pasaje, es “santificarla,