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UNIDAD III: Conformidad y desviación
DESVIACIÓN Y CONTROL SOCIAL
El control social
En todas las sociedades hay reglas y normas, y en todas las sociedades sus miembros ejercen
cierto control social, que es una forma de presión social informal y difusa, que tiene como objetivo
evitar la conducta desviada. Las alabanzas y críticas, por ejemplo, son parte de este control social.
En casos más serios, la sociedad reacciona de otro modo más formal (y contundente). Aquí es
cuando interviene el sistema jurídico y penal, esto es, el conjunto de instituciones policiales,
judiciales y penitenciaras que se pone en funcionamiento cuando se produce una violación de la
ley.
El sistema de control social
Un sistema de control social implica todas aquellas medidas que se toman para prevenir, evitar o
castigar el delito. En su parte más visible, el sistema de control social incluye: a la policía, los
tribunales, los correccionales y las cárceles. Son estas instituciones las encargadas de dar una
respuesta formal al delito. Existen, no obstante, redes de control menos visibles: desde la labor
desempeñada por asistentes sociales y psiquiatras, hasta los circuitos cerrados de televisión en
centros comerciales, la generalización del etiquetado electrónico en las tiendas, o la creciente
presencia de guardias jurados en todo tipo de empresas y organizaciones.
Las características fundamentales de los actuales sistemas de control tienen su origen a finales del
siglo XVIII. Aunque antes del XVII también existían cárceles, no eran los grandes espacios
estructurados en celdas individuales y ni el tipo de organizaciones rígidamente burocratizadas que
conocemos hoy. De modo semejante, la vigilancia y el control de las calles era un asunto
exclusivamente local.
Todo esto cambio con la industrialización y el desarrollo de las sociedades modernas. En concreto,
el control social se profesionalizó y burocratizó, y la administración central empezó a jugar un
papel cada vez más importante. El control del orden público pasó a manos de organizaciones
dirigidas por nuevos profesionales (directores y funcionarios de prisiones, policías, jueces) que
dependían cada vez más, en cuanto a su financiación y regulación interna, del estado, que también
extendió su capacidad de intervención legislativa.
En el clásico de Michael Foucault Vigilar y castigar, se pueden rastrear muy bien estos cambios. Es
posible comparar las formas castigar de la sociedad del siglo XVIII (orientadas a infligir el mayor
daño posible), con los sistemas de vigilancia y castigo de la sociedad actual, más racionales (esto
es, más eficientes y burocráticos).
Nuevas pautas de control
El moderno sistema de control reúne tres características fundamentales:
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John Macionis - Ken Plummer
