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En clave violeta
Marzo 2014
Presentación
8 de marzo, ¡Día de las Mujeres!
Hace más de cien años de la celebración internacional del 8 de marzo como día de la
reivindicación de las mujeres por un mundo y una sociedad más igualitaria; pero hay que
seguir insistiendo sin desfallecer porque aún cuando las leyes cambian y el discurso tanto
político como social reconoce los mismos derechos a mujeres y hombres, la tradición y la
cultura todavía arrastran comportamientos y actitudes lejos de lo deseable.
Es más, diría que incluso se está dando una reacción de retroceso alentada por quienes
están interesados en mantener a las mujeres en segundo plano y silenciadas; y para ello
se encargan de pervertir y tergiversar las palabras dándoles un significado tan peyorativo
que suenan a insulto. Son quienes culpan de todos los males de nuestra sociedad a las
reivindicaciones de igualdad de las mujeres.
Cuando se habla en el ámbito del feminismo del empoderamiento de las mujeres, estas
personas pregonan a los cuatro vientos que lo que buscamos es el poder, el mandar, el
(como decimos por aquí) mangonear perjudicando con nuestras aspiraciones a la institución familiar. ¿por qué? Porque o bien no saben o no quieren saber que el empoderamiento es la disposición de las personas, hombres o mujeres, a tomar las riendas de su vida y
desarrollar sus potencialidades dejando de lado la posición de víctima pasiva. Así define
este término la teóloga y filósofa Lucía Ramón.
El empoderamiento de la mujer al igual que el del hombre no rompe la familia. Las mujeres hemos conseguido unos niveles de participación en la vida pública que no tienen por
qué ser incompatibles con las funciones familiares; al contrario; unos progenitores que
desarrollan sus capacidades y su creatividad buscando una vida plena enriquecen considerablemente la educación y el cuidado de los hijos y por tanto enriquecen a la familia toda.
Para ello se requiere la complicidad en las tareas familiares compartidas.
Dejemos de una vez por todas el tópico de hablar del trabajo y el cuidado como paradigmas de lo masculino y femenino. Este es un discurso trasnochado y obsoleto. El trabajo
y el cuidado deben estar presentes en el hombre y en la mujer para que sea posible el
encuentro.
Cuando se insulta a una mujer llamándola peyorativamente “feminista” y, por desgracia,
esto se oye todavía más de lo aceptable, se insulta a todo el sector del género humano
que desea y cree en la igualdad del hombre y de la mujer. Y me consta que son muchos
los hombres que creen y luchan por ello y muchísimas las mujeres que se juegan la vida a
diario por conseguir unos derechos que le corresponden como ser humano pero que se les
niegan por nacimiento. Ser feminista no es otra cosa que desear la igualdad de derechos
de hombres y mujeres y luchar por ella; Feminismo no es lo contrario de machismo.
Desde estas líneas deseo tener un recuerdo especial para todas las mujeres del mundo
que padecen una vida inhumana, a merced de unas costumbres y tradiciones patriarcales
y machistas que las consideran un objeto más de las propiedades del varón; con derecho
sobre su vida y su muerte. Por todas ellas y por nosotras mismas debemos seguir luchando
para conseguir el derecho de toda mujer a ser algo más que una bestia de carga o un útero
que procrea, a disponer de lo necesario para desarrollar nuestras capacidades y nuestra
creatividad; a poder pensar y actuar en femenino y a que se nos tenga en cuenta nuestra
particular manera de ver el mundo.
Socorro Moral Moral
Concejala de Igualdad
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