01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

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-¿Puede usted decirme ahora, don Juan, cómo protege el peyote . . . ?
No me dejó terminar. Me tocó vigorosamente el hombro.
-No lo nombres nunca así. Todavía no lo has visto lo bastante para conocerlo.
-¿Cómo protege Mescalito a la gente?
-Aconseja. Responde cualquier cosa que le preguntes.
-¿Entonces Mescalito es real? Digo, ¿es algo que puede verse?
Pareció desconcertado por mi pregunta. Me miró con una especie de expresión vacía.
-Lo que quise decir es que Mescalito . . .
-Oí lo que dijiste, ¿Qué no lo viste anoche?
Quise decirle que sólo había visto un perro, pero noté su mirada de extrañeza.
-¿Entonces cree usted que lo que vi anoche era él?
Me miró con desprecio. Chasqueó la lengua, sacudió la cabeza como si no pudiera creerlo, y
en tono muy belicoso añadió:
-¿A poco crees que era tu . . . mamá?
Hizo una pausa antes de "mamá" por que lo que iba a decir era "tu chingada madre". La
palabra "mamá" resultó tan incongruente que ambos reímos largo tiempo.
Luego me di cuenta de que se había quedado dormido sin responder a mi pregunta.
Domingo, 6 de agosto, 1961
Llevé a don Juan en mi auto a la casa donde yo había tomado peyote. En el camino me dijo
que el hombre que me "ofreció a Mescalito" se llamaba John. Al llegar a la casa encontramos a
John sentado en el zaguán con dos hombres jóvenes. Todos se mostraron en extremo joviales.
Reían y charlaban con gran desenvoltura. Los tres hablaban inglés perfectamente. Dije a John
que iba a darle las gracias por haberme ayudado:
Quería saber su opinión sobre mi conducta durante la experiencia alucinógena, y les dije que
había estado tratando de pensar en lo que hice aquella noche y no podía recordar. Rieron y se
mostraron renuentes a hablar del asunto. Parecían contenerse a causa de don Juan. Todos lo
miraban de reojo, como esperando su autorización para hablar. Don Juan debió de dársela con
alguna seña, aunque yo no adver tí nada, porque de pronto John empezó a decirme qué había
hecho yo aquella noche.
Dijo haber sabido que yo estaba "prendido" cuando me oyó vomitar. Calculó que había yo
vomitado unas treinta veces. Don Juan rectificó y dijo que sólo diez.
-Luego todos nos acercamos a ti -continuó John-. Estabas tieso y tenlas convulsiones. Durante
largo rato, acos tado bocabajo, moviste los labios como si hablaras. Luego empezaste a pegar en
el suelo con la cabeza, y don Juan te puso un sombrero viejo, y te detuviste. Estuviste horas
temblando y gimiendo tirado en el piso. Creo que entonces todos nos dormimos, pero entre
sueños yo te oía resoplar y gruñir. Luego te oí resoplar y gruñir. Luego te oí gritar, y desperté.
Te vi saltar por los aires, gritando. Te abalanzaste sobre el agua, tiraste la cacerola y empe zaste
a nadar en el charco.
"Don Juan te trajo más agua. Te quedaste quieto un rato, sentado frente a la cacerola. Luego te
levantaste de golpe y te quitaste toda la ropa. Estuviste de rodillas frente al agua, bebiendo a
grandes tragos. Luego nada más te quedaste ahí sentado, mirando el aire. Pensamos que ahí te
ibas a quedar para siempre. Casi todo el mundo estaba dormido, hasta don Juan, cuando de
repente te levantaste otra vez, aullando, y te fuiste detrás del perro. El perro se asustó, y aulló
también, y corrió para atrás de la casa. Entonces, todo el mundo despertó.
"Todos nos levantamos. Regresaste por el otro lado, toda vía persiguiendo al perro. El perro
corría delante de ti ladrando y aullando. Debiste dar como veinte vueltas a la casa, corriendo en
círculos, ladrando como perro. Tuve miedo de que a la gente le entrara curiosidad. No hay
vecinos cerca, pero tus aullidos eran tan fuertes que podían haberse oído a millas de distancia.
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