CUADERNILLO 2014.pdf


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Finalmente se llega a la escuela. Horarios dispares, nombramientos raros, se es suplente, interino o
titular ¿porque sí? ¿O porque no? Ya en el ruedo, hay que mantenerse, aceptar los movimientos de
personal, los traslados, y seguir estudiando, porque el tiempo corre con nosotros y si nos descuidamos nos deja atrás. En ese momento nos damos cuenta de que invertimos más dinero en fotocopias
que en el sueldo que aún no cobramos, pero eso no es una cuestión de peso, los chicos lo necesitan,
los chicos no pueden de otro modo. Y dejamos de salir y de darnos algunos gustitos esperando que la
cartulina fluorescente sea de mayor agrado y mucho más motivadora que un cartón marrón, algo
arruinado. Llegan los Congresos, las Jornadas, los Cursos, hay que pagar la inscripción, los viajes
(pues no todo se da a la vuelta de la casa de uno, y mucho menos en la propia escuela).
Claro, no abandonamos las clases, pero llegaron las nuevas disposiciones, las Cajas Curriculares que
cambian con el tiempo, la temporada o la moda. Y se suceden, entonces, los cambios de “nomenclatura”, las increíbles listas de nombres que parecen regateos de feria dominical. Y seguimos apuntando a los alumnos, y nos convertimos en consejeros, asistentes sociales y empezamos a psicoanalizarnos entre nosotros, y las clases parecen terapias de grupo. Hay que tener en cuenta al alumno que no
puede, que no es, y al que no será. ¿Y qué hacemos con el que sí puede, el que sí quiere y el que ya
ES? Y a todos los ponemos en una misma bolsa; perdón, aula. Y hay que contener al súper sabiondo
que demanda mucho más y al que casi es delincuente, porque no se puede dejar a nadie en la calle a
merced de quien sabe qué contactos.
Así, seguimos buscando perfeccionarnos y la nueva normativa premia al que hizo el cursito que da
puntaje, pero que no forma. En Absoluto Señora Presidenta, Usted me recordó que tengo sólo 4 horas
de trabajo? Bueno, le diré que en mi caso tengo 30 horas didácticas repartidas en los dos niveles de la
Escuela Secundaria, en un Instituto de Formación Docente y en la Universidad, y que mis horarios
son de lo más dispares; le agrego también que hago lo imposible para estar con mi familia, practicar
deporte y dedicarme a la música también. Y llega la noche y me acuerdo de que mis “4 horas” diarias
no me alcanzaron, porque tuve que sumarle las reuniones extraordinarias de Departamento, de Personal y de Área, y como coordino a los profesores de Francés, también tuve que preparar mi presentación para mantenerlos al tanto de las nuevas metodologías.
Y recién empezamos las clases, hace calor aún, acabamos de tomar los exámenes de febrero y las
instalaciones de la escuela tienen su dejo de precariedad. Eso sí, estamos listos para recibir las netbooks con la tecnología que hace falta. Pero con frecuencia no tenemos agua en la escuela. ¡Qué lástima! Intento descansar un rato, con la TV encendida, y creo escuchar que usted me recuerda que tengo 3 meses de vacaciones. Pero no lo asimilo porque el cansancio me condena. Y cuando tomo contacto de nuevo con la realidad descubro que sí es cierto y que usted señora está demasiado mal informada.
Quizás en su modelo de docente, el maestro o el profesor tenían tanta licencia para no hacer nada.
Porque yo necesito decirlo- me pasé las vacaciones, un mes exacto para serle sincera estudiando el
modo de motivar a los alumnos que debo “retener” en mis aulas, para que no hagan desmanes en la
calle; tengo que dar alegría al adolescente que no puede encontrarla en su casa, porque sus padres
apenas lo contienen; tengo que luchar contra el centavo que descubro caído en la acera, para integrarlo a la canasta familiar o a la canasta escolar, de la escuela, claro está. Entonces, por favor, dígame
por qué cree que valemos tan poco. ¿Por qué es eso lo que nos deja entender? Estamos en contacto
diario con chicos que quieren aprender y con gente que no puede hacerlo por muchas y variadas razones. Y así y todo, le confieso: me encanta dar clases, prepararlas y prepararme. Nadie me va a qui21