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En las sociedades industrializadas ello se efectúa, bien participando en los beneficios de las sociedades empresariales, bien por intermedio de un salario o de un sueldo, o mediante unas formas sociales
de subvención, como pueden ser los subsidios a la desocupación o las pensiones, en aplicación de
alguna fórmula de redistribución, a través de los impuestos, entre el trabajo y el no trabajo23.
El interrogante que se plantea es si este modelo podrá mantenerse a largo plazo, en la medida en que
es fuente de conflictos sociales que pueden llegar a ser graves.
El dilema es éste: O bien cambia el concepto de ocupación del tiempo disponible, con lo que habría
variado el concepto de trabajo, o bien cambia la manera de distribuir el tiempo de trabajo. También
puede producirse alguna otra forma de cambio. Lo que aparece como impensable es el mantenimiento, o aún la ampliación, del tiempo de no trabajo, por aumento de la productividad, concentrado en
unos grupos sociales tendencialmente marginales. Este punto enlaza con la otra cara del problema
que es el mercado de trabajo.
El espacio del excedente
La localización relativa entre lugar de producción, lugar de consumo y lugar de decisión, y lugares y
formas de reinversión, configura el circuito espacial del excedente.
Las posibilidades que se abren a la relocalización, y el nuevo orden económico internacional apuntado, deben aparecer en el modelo para que, de esta forma, se alcance una visión global de los efectos
espaciales reales en su globalidad derivados de la implantación de nuevas tecnologías.
El mercado de trabajo
En este sentido, y en la situación actual, una de las preguntas ampliamente formulada es: ¿crearán las
nuevas tecnologías paro, o no?. Lo que resulta cierto es que la incorporación de las nuevas tecnologías incide esencialmente sobre la productividad, consiguiéndose importantísimos aumentos.
Es decir, disminuye la cantidad necesaria de trabajo; en cuanto aportación de esfuerzo humano, para
producir una unidad de producto.
La automatización y robotización de los procesos de fabricación industrial conlleva la sustitución de
los trabajadores, en los procesos productivos seriados o en cadena, por autómatas, en base a la utilización de nuevas tecnologías como el láser, la soldadura automática por puntos, procesos de transferencia, accionamiento de herramientas, etc. A través ellos se introducen unos cambios importantes en
los procesos de trabajo. De manera similar se recompone el trabajo burocrático en oficinas, bancos y
en los servicios en general.
El problema se sitúa en cómo se distribuye socialmente el tiempo de trabajo necesario. Ello significa
que se verá modificada, cada vez más, la relación entre tiempo de trabajo (remunerado) y tiempo de
no-trabajo (no remunerado).
En términos de estructura social ligada a la estructura productiva, vemos que el modelo clásico vigente es el de ocupar a tiempo completo a los individuos necesarios, mientras que la fuerza de trabajo disponible, y cada vez más no-necesaria, pasa a engrosar las filas del desempleo formal. Constátese la gran dificultad real que existe para reducir la jornada general de trabajo aún cuando aumente el
desempleo. Considerado el trabajo socialmente necesario como masa de tiempo-trabajo, ésta disminuye para dar satisfacción a las mismas necesidades sociales, y aún se consigue ampliar la oferta de
bienes y servicios. La pregunta se centra en cómo se distribuye y se distribuirá esta masa de tiempo-
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