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Núm.3: Abel. Tenga la clase de fe que a Dios le complace (it-1 págs.16, 17, Abel núm.1)
*** it-1 págs. 16-17 Abel ***
En Hebreos 11:4 el apóstol Pablo cita a Abel como el primer hombre de fe, y muestra que esta fe resultó en que su sacrificio fuera de “mayor valor” que la ofrenda de Caín. En contraste, 1 Juan 3:11, 12 señala que la actitud de corazón de Caín
era mala, hecho que quedó demostrado cuando más tarde rechazó el consejo y la advertencia de Dios y asesinó con premeditación a su hermano Abel.
Aunque no se puede decir que Abel conociera de antemano el desenlace final de la promesa de Génesis 3:15 acerca de la “descendencia”
prometida, probablemente había pensado mucho en esa promesa y creía que tendría que derramarse sangre —alguien tendría que ser
‘magullado en el talón’— para que se pudiera elevar de nuevo a la humanidad a la condición de perfección que Adán y Eva habían disfrutado
antes de su rebelión. (Heb 11:4.) Por ello, el que Abel ofreciese primogénitos del rebaño ciertamente fue apropiado, y sin duda también fue un
factor que contribuyó a que Dios aprobara su ofrenda. Abel ofreció como regalo ‘vida’, aunque esta fuera solo de entre sus rebaños, al Dador
de la vida. (Compárese con Jn 1:36.)
Jesús enseñó que Abel fue el primer mártir, objeto de la persecución religiosa de su
intolerante hermano Caín, y con referencia a Abel, dijo que vivió en el tiempo de la
“fundación del mundo”. (Lu 11:48-51.) En este texto la palabra “mundo” traduce el término
griego kó·smos en su acepción de mundo de la humanidad. El término “fundación” traduce
la voz griega ka·ta·bo·lḗ, y literalmente significa “lanzamiento hacia abajo [de simiente]”.
(Heb 11:11.) Es evidente que Jesús usó la expresión “la fundación del mundo” para referirse al nacimiento de los hijos de Adán y Eva, con lo que se produjo un mundo de seres humanos. Pablo incluye a Abel entre la “nube de testigos” de tiempos precristianos. (Heb
11:4; 12:1.)
¿Cómo habla la ‘sangre de Jesús de mejor manera que la de Abel’?
Debido a su fe y a tener la aprobación divina, de lo que hay un registro que continúa
dando testimonio, fue posible decir que Abel, “aunque murió, todavía habla”. (Heb 11:4.) En
Hebreos 12:24 el apóstol se refiere a “Jesús el mediador de un nuevo pacto, y a la sangre
de la rociadura, que habla de mejor manera que la sangre de Abel”. Aunque la sangre de
Abel se derramó en martirio, no rescató ni redimió a nadie, como tampoco lo hizo la sangre
de su sacrificio de ovejas. En realidad, su sangre clamaba a Dios por venganza contra
Caín, el asesino. En cambio, la sangre de Jesús, presentada en ese texto como sangre que
valida el nuevo pacto, habla de mejor manera que la de Abel en el sentido de que clama a
Dios para que ejerza misericordia sobre todas las personas de fe, como Abel, y es el medio
que posibilita su rescate.
INFORMACION ADICIONAL
*** w93 15/7 pág. 16 párr. 17 Responda a las promesas de Dios ejerciendo fe ***
Las promesas de Jehová sirvieron de base para la fe de la “grande nube” de sus
testigos precristianos. (Hebreos 11:1–12:1.) Por ejemplo, Abel tenía fe en la promesa
de Dios acerca de una “descendencia” que magullaría la cabeza de “la serpiente”.
Había prueba del cumplimiento de la sentencia de Dios sobre los padres de Abel.
Fuera de Edén, Adán y su familia comieron pan con el sudor de su rostro porque el
suelo maldecido producía espinos y cardos. Es muy probable que Abel percibiera el
deseo vehemente de Eva por su esposo y viera que Adán la dominaba. Es posible
que ella hablara del dolor de su embarazo. Además, la entrada al jardín de Edén estaba protegida por querubines y la hoja llameante de una espada. (Génesis 3:1419, 24.) Todo esto que vio Abel constituyó una “demostración evidente” que le aseguraba que la liberación vendría mediante la Descendencia prometida. Con fe, Abel
ofreció a Dios un sacrificio que resultó ser de mayor valor que el de Caín. (Hebreos
11:1, 4.)
Semana del 3 de Febrero
EMT 2014 Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático
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