PROGRAMA PREESCOLAR 2011.pdf

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ayudan a su madre o su padre en el trabajo, o bien porque tienen necesidades educativas especiales. En particular para quienes viven en esas condiciones, la escuela
es el espacio idóneo y seguro para brindar oportunidades de juego, movimiento y
actividad compartida.
reconocer el hecho de que cada niña y niño han desarrollado habilidades motoras
en su vida cotidiana y fuera de la escuela con diferente nivel de logro, es un punto de
partida para buscar el tipo de actividades que propicien su fortalecimiento, tomando
en cuenta las características personales, los ritmos de desarrollo y las condiciones en
que se desenvuelven en el ambiente familiar.
Cabe destacar que el progreso de las competencias motrices está ligado a la
posibilidad de que los niños se mantengan en actividad física, sobre todo mediante el
juego. Cuando se considera que los alumnos logran más rápido la coordinación motriz
fina al repasar contornos de figuras preelaboradas o llenarlas con pasta para sopa,
semillas o papel, lo que en realidad ocurre es que se invierte mucho tiempo, se impide
el movimiento libre y las niñas y los niños se cansan; resulta más productivo armar y
desarmar rompecabezas o construir un juguete con piezas pequeñas, porque en actividades como éstas se ponen en práctica el intelecto, el movimiento y la comunicación,
si lo hacen entre pares.
La intervención educativa en relación con el desarrollo físico debe propiciar que
los alumnos amplíen sus capacidades de control y conciencia corporal (capacidad de
identificar y utilizar distintas partes de su cuerpo y comprender sus funciones), que experimenten diversos movimientos y la expresión corporal. Proponer actividades de juego que demanden centrar la atención por tiempos cada vez más prolongados, planear
situaciones y tomar decisiones en equipos para realizar determinadas tareas, asumir
distintos roles y responsabilidades, y actuar bajo reglas acordadas, son situaciones que
contribuyen al fortalecimiento del desarrollo motor y que los pequeños disfrutan, porque
representan retos que pueden resolver en colaboración.
En todos los campos formativos hay posibilidades de realizar actividades que propician el desarrollo físico; por ejemplo, las rondas, el baile o la dramatización, los juegos
de exploración y ubicación en el espacio, y la experimentación en el conocimiento del
mundo natural, entre muchas otras.
Las niñas y los niños con necesidades educativas especiales o con alguna discapacidad motriz, aunque requieren atención particular, deben ser incluidos en las actividades de juego y movimiento, y ser apoyados para que participen en ellas a partir
de sus propias posibilidades. Animarlos a participar para que superen posibles inhibiciones y temores, así como propiciar que se sientan cada vez más capaces, seguros y
que se den cuenta de sus logros, son actitudes positivas que la educadora debe asumir
hacia ellos y fomentar en todas y todos los miembros del grupo.
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