Sexenio de Luis EcheverrÃa Alvarez.pdf

Vista previa de texto
La “reconciliación” con los sectores medios y comunidad universitaria
Tras la deslegitimación que dejó la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968,
considerada como uno de los enfrentamientos más significativos del pueblo de
México ante el gobierno, Echeverría intentó recuperar la confianza de los jóvenes.
Las ofertas de trabajo y puestos dentro de la burocracia no se hicieron esperar, el
aumento en el gasto público era uno más de los recursos de los que echó mano
esta administración. En sus intentos por atraer a los grupos inconformes, se
crearon nuevos centros de educación superior, La UAM (Universidad Autónoma
Metropolitana) en 1974 por ejemplo, además de aumentar el presupuesto de la
UNAM en casi un mil por ciento. A pesar de esto, un gran número de jóvenes y
parte de la sociedad civil, habían ya optado por la guerrilla urbana. Secuestros y
atentados en contra de empresarios y políticos por parte de la Liga 23 de
Septiembre, son solo una pequeña muestra de los diversos movimientos que
surgieron exigiendo autonomía, democracia y legalidad en los procesos políticos y
sociales del México del siglo XX.
En este contexto, no podemos ignorar el 1 de Junio de 1971. Alumnos de la
UNAM y el IPN convocaron a una gran marcha, saliendo del Casco de Santo
Tomás, exigían la democratización de la enseñanza y la libertad a presos políticos.
Antes de llegar a su destino, fueron atacados por un grupo paramilitar conocido
como “Los Halcones” organizado, entrenado y dirigido por el entonces coronel
Manuel Díaz Escobar y que inició sus acciones represivas en 1961. Los ataques
provenían de edificios y puntos estratégicos, lo que muestra la coordinación de
este grupo con las autoridades. El saldo extraoficial de aquel episodio, fue de 45
muertos y centenares de heridos. La policía no apareció por el lugar. Este episodio
confirmó una vez más la distancia que hay entre opositores e inconformes y el
Estado, quien hizo uso de su derecho legítimo a someterlos por el desafío.
Torturas, desapariciones forzadas, asesinatos y amedrentamiento de miles de
familias fueron y siguen siendo los métodos más efectivos para silenciar a la
ciudadanía.
