PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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demás. Mientras no quebremos nuestra propia imagen seremos incapaces de
conocernos en profundidad, y no podremos
ver a los demás como son en
realidad. Si no nos bajamos de nuestro título, no podremos ver a los alumnos.
Desde arriba se ve todo pequeño, la mirada aplasta. Si quieres encontrarte con tu
alumno, bájate del título, ponte en su terreno, míralo con los ojos del corazón.
En la segunda versión, el caballo cree que está espantando a otro caballo
que va a beber su agua, cuando en realidad es su propia imagen la que origina
sus miedos, y le hace ver un enemigo inexistente. Nuestro egoísmo, la
incapacidad de compartir, nos llevan a acaparar y consumir cada vez más cosas,
sin importarnos las necesidades ni el hambre y sed de los demás. El tener y el
consumir son como la droga: cuanto más se tiene, más se necesita tener. Vemos
a los otros como amenazas, ávidos de arrebatarnos lo que nos pertenece, y ya no
somos capaces de mirarlos a los ojos para verlos como hermanos. No caemos en
la cuenta que el problema no está fuera de nosotros, sino en nuestras propia
imagen, en nuestros fantasmas y miedos que crean enemigos inexistentes. Si
hoy día, dados los niveles del desarrollo científico y tecnológico, el hambre y la
miseria serían fácilmente derrotables, el egoísmo y el individualismo están
configurando un mundo absurdo, en el que unos pocos acaparan riquezas
inimaginables, mientras que miles de millones de personas se hunden en la más
atroz de las miserias o incluso no tienen más salida que morirse de hambre. Los
225 personajes más ricos acumulan una riqueza equivalente a la que tienen los
2.500 millones de habitantes más pobres. Los tres personajes más ricos del
mundo tienen activos que superan el Producto Interno Bruto (PIB) combinado de
los 48 países menos adelantados. Se calcula que el hambre mata al año más
personas en el mundo que todas las que murieron en la Segunda Guerra Mundial
(unos 48 millones de víctimas).
Según datos del Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas,
harían falta unos 13.000 millones de dólares al año para proporcionar servicios de
salud básica y nutrición a los 4.400 millones de pobres en el mundo, de modo que
nadie muriera de hambre o de enfermedades propias de la miseria. Actualmente,
se gastan 17.000 millones de dólares cada año en comida para perros en Europa
y Estados Unidos. Sólo Europa gasta 50.000 millones de dólares en cigarrillos y
115 mil millones de dólares anuales en bebidas alcohólicas cada año. Se calcula
que el narcotráfico mueve 400.000 millones de dólares al año; y en armamentos
se gasta unos 800.000 millones de dólares. En definitiva, con la tercera parte de lo
que gastan los europeos fumando, o con menos del 2% de lo que se gasta en
armas en el mundo, podría erradicarse la miseria.
Atrevámonos a proponer la globalización de la generosidad, el servicio, la
justicia, la hermandad. Pongamos de moda la solidaridad y el amor.
Propongámosles a nuestros alumnos una educación orientada al cultivo de su
corazón, de modo que puedan vivir derramándose en servicio y ser un don para
los demás.
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