PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

Vista previa de texto
Entusiasmado con la idea, el hermano arquitecto se atrevió a proponer que
sería bueno colocar en ella el bellísimo crucifijo de madera tallada que acababan
de regalar al convento.
-Había pensado en ello, pero me temo que la contemplación de ese cuerpo
torturado le lleve al huésped de la celda a decirse “Fueron mis pecados los que le
ocasionaron tanto sufrimiento y muerte. Mi maldad es tan grande que ocasionó la
muerte del propio Dios”.
-Pero la celda no puede estar vacía. Hace falta alguna imagen que recuerde
el amor del Señor.
-Primero será la dulce luz del “hermano sol” que se ofrece por igual a justos
y a pecadores. Además, en cada una de las paredes y en letras bien grandes,
gravarás el siguiente mensaje: TE AMO TAL COMO ERES. Si alguien se permite
un sentimiento de inquietud al constatar sus miserias y debilidades, estará
profanando esta celda en la que paredes, suelo y techo deben estar impregnados
únicamente de nuestra confianza en la ternura sin límites de Dios.
-Pero, Padre, ¿cómo no va a estar triste y apesadumbrado el hermano que
no es capaz de amar a Dios con toda su alma?
-Me gustaría que el hermano que pase uno o varios días en este lugar
sagrado conozca a Aquel que ha dicho: “No es el sano, sino el enfermo el que
tiene necesidad de médico”; conozca al buen pastor que sale en busca de la
oveja perdida y la carga feliz sobre sus hombres cuando la encuentra; al padre
que espera ilusionado al hijo descarriado y que se alegra con todo el corazón y
manda hacer una gran fiesta cuando por fin regresa. Se me ha ocurrido también
pedirle al hermano músico que componga un cántico –el único que estará allí
autorizado-, cuyo estribillo repita: “Déjame amarte tal como eres”.
-¿No ha escrito San Juan de la Cruz que seremos juzgados por el amor?
-Y yo te digo, hermano querido, que seremos juzgados por nuestra fe en el
amor. La fe, como las aberturas de la celda, permite al sol de la gracia invadir el
alma. ¿Y sabes tú cuál es la medida de la calidad de nuestra fe?: la imagen que
tenemos del amor de Dios. Todos los que tienen una idea mezquina, pobre, del
amor de Dios y lo imaginan como un tirano o un juez implacable ansioso de vengar
o hacer pagar nuestras faltas, son hombres de poca fe. Otros, en cambio, tienen
una imagen osada, podríamos decir “escandalosa” del amor de Dios, y son por ello
personas de una gran fe. Se parecen a la cananea del evangelio que arrancó a
Cristo lágrimas de admiración. Por todo esto, cuando sienta que alguno de los
hermanos anda apesadumbrado y triste, lo enviaré unos días a la celda.
-Quisiera ser el primero –pide el hermano arquitecto, besando con fervor la
mano de su superior.
37
