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La naturaleza es burda, por incivilizada. Sus acciones y reacciones son
propias de la especie, no del individuo. Nuestro crecimiento personal, por ende,
debe alejarnos del comportamiento instintivo.
Sin embargo, la naturaleza tiene valores que exceden los de la mera
sobrevivencia. Su equilibrio, diversidad, vastedad, riqueza, perdurabilidad,
delicadeza y fuerza vital, son atributos que bien vale la pena imitar.
De forma tal que si bien corresponde llevar a cabo el citado alejamiento
de lo natural, a fin de diferenciarnos y superarnos, del resto de lo salvaje o
inanimado, esa distancia debe ser asumida con naturalidad.
La naturaleza regirá los movimientos de la masa. Los hombres
destacados deberán regirse por la naturalidad46.
La naturaleza requiere sacrificios para lograr algo. La civilización puede
lograr cosas sin siquiera perturbarse47.
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Ejemplo: “Uno de los primeros escritores europeos que enunció estos principios surgió de un ambiente
tan alejado de lo natural como lo fue la corte renacentista. En The Book of the Courtier (El libro del
cortesano), publicado en 1528, Baltasar Castiglione describe los modales exquisitamente elaborados y
codificados del perfecto cortesano. Sin embargo, Castiglione explica que el cortesano deberá realizar todos
estos gestos con lo que él denomina „spezzatura‟, la capacidad de hacer que lo difícil parezca fácil y
sencillo. Insta al cortesano a „ejercer en todas las cosas una cierta displicencia que oculte cualquier tipo de
artificio y haga aparecer canto uno diga o haga como algo hecho de modo distendido y sin esfuerzo‟. Todos
admiramos cualquier tipo de logro extraordinario, pero si es alcanzado con gracia y naturalidad nuestra
admiración se multiplica” GREENE, Robert y ELFERS, Joost : “Las 48 leyes del Poder”, Editorial
Atlántida, Buenos Aires, 2006, pag. 315/6)
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Comentario: “La abstención ostensible de trabajar se convierte en la seña convencional del éxito
pecuniario y de la reputación; e inversamente, dado que la dedicación al trabjo productivo es un signo de
pobreza y sujeción, esta actividad se vuelve incompatible con una posición de prestigio en la comunidad.
Los hábitos de productividad y de ahorro, por tanto, no son uniformemente fomentados por una
predominante emulación pecuniaria. Por el contrario, este tipo de emulación desanima indirectamente la
participación en el trabajo productivo. Aún más, si el trabajo productivo no hubiera sido considerado
indecoroso por la tradición cultural del estadio anterior, éste se habría vuelto indefectiblemente deshonroso
por ser evidencia de pobreza. Para la antigua tradición de la cultura depredadora, el esfuerzo productivo
debe evitarse por ser indigno del hombre fuerte, y esta tradición se refuerza en lugar de descartarse en el
pasaje de la forma de vida depredadora a la cuasi-pacífica.” (VEBLEN, Thorstein: “Consumo ostentoso”,
Ed. Mil uno, Buenos Aires, 2008, pag. 51.
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