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Aprovechando las distracciones de Caperucita, quien se detuvo varias veces a
recoger flores, el lobo llegó primero a la casa de la abuela, se la comió, vistió sus
ropas y esperó a Caperucita. Cuando ella llegó, le llamaron la atención sus
facciones salvajes, así que tuvo lugar el siguiente diálogo: - “Abuelita, qué orejas
tan grandes tienes…” - “Son para oírte mejor” – contestó el lobo, poniendo voz
de dulce anciana. Y luego: -“…Y qué ojos tan grandes…” – Son para verte
mejor” – contestó el lobo una vez más, con voz apocada y femenina. Y al fin: “…Y qué boca tan grande…” – Allí fue cuando el lobo se abalanzó sobre ella al
grito salvaje de: – “Para comerte mejor”. Y se la comió. Luego vendría el cazador,
mataría al lobo y sacaría de su estómago, vivas y relucientes, a la abuela y a
Caperucita.
¿Cuántas leyes pueden extraerse de este cuento?. Por lo menos diez:
1) Ley de la incertidumbre de los hábitos (Proporción directa): Cuanto
más arraigados estén los hábitos o las conductas observadas en virtud
de un mandato supremo explícito o implícito, más incertidumbre se
crea alrededor de ellos. (En el cuento, la orden de la madre de no
desviarse del camino).
2) Ley de la densidad de los caminos (Proporción directa): Cuanto más
extensas sean las distancias hasta la meta, habrán mayores
probabilidades de que surjan imprevistos.
3) Ley de los intereses múltiples (Proporción inversa): Cuanto menos
parecido sea alguien a nosotros, tantos más intereses divergentes
tendrá, a través de nuestros mismos objetivos (En el cuento, la
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