IT`S EASY, IT`S TRUE.pdf

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Una pequeña frase, extraída de un pensador reconocido, deja entrever el
conocimiento que quien la utilice tenga respecto de ese pensador, la familiaridad
con la que hace suya sus palabras, la facilidad con que las repasa oportuna,
franca y correcta.
En la conversación cotidiana, un comentario vale por un comportamiento.
En la docencia, un ejemplo vale por todas las posibles manifestaciones de sus
variables. En los trabajos científicos, una cita vale por un libro. En la autoayuda,
una frase vale por un sistema.
Así, Sócrates: “Sólo sé que no sé nada”, paradoja escindida de todo el
universo que representa. Así, Marx: “La explotación del hombre por el hombre”,
sin toda la riqueza analítica de nuestra neurosis capitalista. Así, Einstein: “Todo
es relativo”, sin ningún acercamiento a su complejísima visión del espaciotiempo.
No se recorre ningún camino, no se dibuja ningún trayecto, no se traza
ninguna senda. Simplemente se colocan hitos de llegada, como banderines en
un juego de golf. Marcas en un mapa sin rosa de los vientos.
Acostumbrados a la noticia de las cosas (su actualidad sobreviniente)
exenta de las cosas, toleramos mejor la frase que su contextualización. A través
de la frase se nos acerca sin trabajo el producto terminado. Como si pudiera
producirse mediante una acertada inversión en el libro que consumimos.
El “argumento de autoridad” es uno de los sofismas más antiguos y mejor
practicados. Consiste precisamente en ahorrar la argumentación en función del
prestigio, importancia o superioridad de quien sostenga determinada posición.
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